El impacto de la saliva con el uso del tapabocas

Crédito: Colprensa / El Nuevo Día.
En el año 2020, la Organización Mundial de la Salud decretó la alarma mundial con un brote de enfermedad respiratoria por un nuevo Betacoronavirus tipo SARS, el cual inició a finales de diciembre de 2019 en la provincia de Hubei en China. Un mes después, el virus había alcanzado el estatus epidemiológico de pandemia, presentando innumerables casos en múltiples países de Asia, el subcontinente indio y Europa.
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Para ese entonces, se diseñó un plan de contingencia con medidas universales de salud pública para refrenar la transmisión del virus, pues su tasa de reproducción natural, amenazaba con colapsar los sistemas de atención en salud de cualquier país del mundo; escenario que, en efecto se ha reproducido de forma ominosa y desoladora en la población mundial.

La salud pública es un deber de todos y desde que la OMS caracterizara a la COVID 19 como una pandemia, es necesario tener todas las precauciones necesarias para evitar su propagación; el constante lavado de manos, mantener un distanciamiento social y el uso correcto del tapabocas dentro y fuera de casa, principalmente en espacios de gran flujo o aforo de personas.

La lógica del uso del tapabocas como contramedida ante la diseminación del virus, estriba en estudios que se adelantaron acerca de la cinética de partículas de saliva y otros aerosoles y, cómo la presencia de una barrera mecánica o filtro, podría disminuir la carga de material contaminante que pudiera contener viriones viables para contagiar finalmente a un hospedero sano.

De acuerdo con Laura Maria Linares Bejarano, docente del programa Terapia Respiratoria de Areandina, existen consecuencias que podrían acarrear la utilización de tapabocas desechables más allá de su período de vida útil, su reutilización y la presencia de saliva en el tejido del mismo.

“Es importante recordar que el hombre convive con todo un ecosistema complejo de microorganismos de múltiple naturaleza taxonómica (bacterias, virus, hongos, protozoarios), y en la cavidad oral, así como en un tubo digestivo distal hay todo un microbioma con gérmenes de potencial patogénico y saprofítico”.

Es importante mencionar que la saliva es esencial para el lavado de las células epiteliales contribuyendo en gran medida sobre la integridad de los tejidos presentes en la cavidad oral, por lo que la terapeuta respiratoria hace énfasis en que “pese a su acción protectora puede también proporcionar los nutrientes necesarios para el crecimiento bacteriano, dado que múltiples bacterias producen proteasas que degradan las proteínas  salivales en péptidos y aminoácidos, los cuales serán reutilizados por diferentes microorganismos cuando los nutrientes  exógenos estén limitados”.

De esta manera, Linares recomienda evitar usar un mismo tapabocas por un periodo de tiempo prolongado. “En un día el cuerpo humano produce entre 0.5 a 1.5 litros de saliva, y al toser, estornudar o hablar, se expulsa una alta concentración de microaerosoles los cuales impactarán en el material de filtro del tapabocas, fenómenos que darán lugar al fortalecimiento y estabilización de colonias de microorganismos favoreciendo mecanismos propios de estos agentes como adhesión y agregación”.

Finalmente, la experta sugiere un uso juicioso de los elementos de protección personal y tener claro que, como afirma Linares, “existe evidencia científica que apoya la reutilización de tapabocas, siempre y cuando se les aplique una desinfección con sustancias antisépticas o tratamientos fisicoquímicos de autoclave o radiaciones ionizantes”.

Suministrado / El Nuevo Día.

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