¡No pelee por política!

Es tiempo de elecciones y los egos están encendidos: nos cuesta trabajo guardar silencio ante una opinión diferente a la nuestra cuando los tópicos son política y religión, principalmente.

Sin embargo, a menos que esté en una verdadera instancia decisoria, las discusiones sobre estos temas no son más que eso: confrontaciones por opiniones personales, así estén bien argumentadas. A veces, la paz vale más. 

La mejor opción siempre es no exaltarse y evitar a toda costa discutir con el abuelo que siempre ha tenido un partido favorito, con la tía que está pensando en otros temas más allá de la política, con el papá que cambia de pensamiento a cada rato, o con el primo que tiene sus intereses personales y bueno, así es como se vive la política en todas las familias.

Todos tenemos nuestras convicciones, pero los expertos están de acuerdo en que la clave es que demos prioridad a la tranquilidad de la tarde en familia.

Porque, seamos honestos, a menos que hagamos parte del Congreso, donde se deben defender los argumentos y creencias que representamos, al discutir con la familia por lo que pensamos en materia de política y religión no estaremos haciendo absolutamente nada: solo fomentaremos un resentimiento porque es lógico que la gente se apasione con estos temas: ¡lo dice la ciencia!

Los primeros seres humanos consideraban estos pensamientos como formas de determinar quiénes eran nuestros aliados y nuestros enemigos.

¡Pero hace mucho tiempo de eso! Es hora de ser verdaderamente inteligentes y conjurar una terrible pelea sobre política.

 

¿Por qué peleamos por política?

Un estudio de la Universidad de Harvard señala que hace miles de años el cerebro desarrolló un “sistema de alianzas” que les permitió a los primeros seres humanos determinar con quiénes podían formar comunidades y con quienes no. Cuando encontramos a alguien que desafía esas bases, lo vemos como un enemigo y sentimos la necesidad de defender esos “principios”.

Pero, ¿no deberíamos haber cambiado ya?

David Pietraszewsk, investigador de la Universidad de California, Estados Unidos, realizó un estudio en el cual encontró que para nuestros cerebros la afiliación política es como una membresía a un grupo y que lo aceptamos en la medida en que pase la prueba: y entre esas pruebas está qué tanto estamos de acuerdo con esa persona en materia de política, por ejemplo.

¿Se puede superar?

El investigador señala que sí, pero que lo que realmente se requiere es cooperación que corte transversalmente las anteriores divisiones, y mientras más mejor.

 

Cuando la ignorancia critica, la inteligencia observa y ríe

 La psicóloga Valeria Sabater explica que “en ocasiones quien guarda silencio ante la crítica, la envidia o la provocación, no es por falta de argumentos ni valentía. Lo que ocurre es que cuando la ignorancia habla, la inteligencia calla, ríe y se aleja”.

La experta señala que a veces las peleas por política o religión tienen un trasfondo mayor al de simplemente argumentar un punto de vista: “Una de las razones por las que nos cuesta tanto aceptar las críticas es porque las personas necesitamos sentirnos aceptadas y reafirmadas. Un reproche es la pérdida de ese sutil equilibrio personal hilado por el orgullo. Ahora bien, cuando una crítica tiene como sustrato la más profunda de las ignorancias, no hay riesgo alguno para nuestro autoconcepto”.

Sin embargo, Sabater es contundente en lo que se refiere a que no debemos desgastarnos: “Todos deberíamos asumir que hay discusiones que no valen la pena. Cuando hay oídos que no escuchan y mentes pequeñas donde no caben las explicaciones, es mejor callar, reír y dejar ir”.

Se sabe que no es fácil, pero “con el tiempo las heridas se curten, uno madura y entiende por fin muchas cosas. Entiende que las personas no cambian, y que quien no ha querido dar el paso de la ignorancia al conocimiento es porque no quiere. Ante estas conductas no queda otra más que asumir la batalla perdida y mantener la dignidad que propicia que nuestra alma esté tranquila. Esa que entiende que al final es mejor callar, sonreír con inteligencia y poner distancia”, concluye Sabater.

Sin embargo, la experta señala que existen solo algunos casos en los cuales sí debemos tomar las riendas:

*Ante los manipuladores. Cuando la voz de la ignorancia cruza la frontera del respeto y hace uso del menosprecio para definirse a sí mismo y adquirir poder, hay que actuar. Jamás hemos de permitir que un manipulador asuma el control. Para ello, hay que cortar cuanto antes sus comentarios, sus desprecios y sus ironías afiladas al menor indicio. Hay que dejar muy claro que jamás deben dirigirse a nosotros en esos términos dañinos.

*Otro tipo de perfil que abunda en exceso son los humilladores profesionales. Son personas que buscan humillarnos tanto en público como en privado, porque así adquieren poder. En ocasiones, tras esta conducta también puede existir como raíz la envidia. Al humillador no se le vence humillándolo, ni gritándole ni aún menos con la violencia. Lo que le vence es la indiferencia al descubrir que no tiene ningún poder sobre nosotros. Le dejaremos bien claro lo que pensamos de su conducta una vez. Lo haremos de forma rotunda y manteniendo la mirada, siendo muy asertivos.

 

Cómo manejar las diferencias políticas en pareja

 lo cierto es que hay tantos estudios al respecto que podría estar durante horas aportando datos. Ahora bien, más allá de diferencias políticas, ¿se pueden manejar sensatamente en el ámbito de una relación?

El psicólogo Pedro González Yañez explica cómo hacerlo:

1 El diálogo es la clave principal. Si la pelea es constante y enconada, el amor muere lentamente. Pero si reprimimos nuestros sentimientos, pensamientos y emociones, también se marcha el afecto. Así pues, y por complejo que pueda parecer, hay que encontrar el clima de respeto y tranquilidad necesario para mantener conversaciones equilibradas sin llegar a los extremos.

2 A veces no es lo que dice, sino cómo lo dice. Piense que tal vez no sean sus ideas lo que molesta a su pareja, sino su vehemencia a la hora de expresarlas. Hemos de ser cuidadosos, delicados y respetuosos para no herir la susceptibilidad de la pareja.

3 Otro detalle que aportan algunos especialistas radica básicamente en el uso de la empatía. Por ejemplo, en una conversación o discusión, debe dejar que la otra persona se explique. ¿Acaso no le gusta a usted que le dejen hablar? Pues probablemente le suceda igual a la parte “contraria”. Permita que los demás comenten y aporten, no deje que se convierta en un monólogo.

4 Elegir bien los momentos es otra clave que aportan muchos especialistas. No siempre vale el aquí y ahora. Si está con más gente, no suele ser buena idea sacar trapos sucios, por ejemplo.

5 Y, ante todo, recuerde que ama a su pareja. Las diferencias políticas nunca deberían estar por encima del amor y el afecto que profesa a esa persona. Si de verdad se importan el uno al otro, luchen por superar cada obstáculo que se presente. Y tienen que hacerlo juntos.

Paola Esteban C.

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