¿La COVID-19 llegó para quedarse?

Crédito: Fotoilustración - Vanguardia / EL NUEVO DÍA
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La pandemia que ha azotado al mundo por más de un año y medio, llegó para quedarse en lugar de desaparecer, como ocurrió con la viruela, que fue erradicada en el mundo en 1980. La COVID-19 se encamina a ser endémica.
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La COVID-19 ha contagiado a más de 219 millones de personas y ha causado 4,5 millones de muertes alrededor del mundo desde que fue declarada oficialmente como una pandemia por la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 11 de marzo de 2020.

Desde entonces, su propagación ha sido exponencial y los contagios han escalado debido a las variantes del virus, especialmente la Delta, muy contagiosa y que ya circula en al menos 185 países. 

En Estados Unidos, por ejemplo, la Delta es ahora responsable del 83% de los casos de la COVID-19.

Si bien los esfuerzos están concentrados en la inmunización a nivel global, que comenzó el 8 de diciembre de 2020 con la británica Margaret Keenan -la primera vacunada del mundo contra la enfermedad-, científicos y expertos están cada vez más convencidos de que el nuevo coronavirus Sars-Cov-2 llegó para quedarse.

Es decir, la actual crisis sanitaria dejará de ser una pandemia y finalmente, y como se presumía, dará paso a una endemia.

¿Qué significa? Carlos Enrique Trillos, epidemiólogo y profesor de la Escuela de Medicina de la Universidad del Rosario, explica que una “enfermedad endémica es aquella que permanece en un lugar específico, afecta a un grupo de personas relativamente estable y se mantiene en el tiempo, es decir que el SARS-CoV-2 continuará circulando”.

Es más, sentencia, que la COVID-19 continuará por tiempo indefinido. Por ello,  insiste en la importancia de estar vacunados, para evitar complicaciones en caso de ser contagiados. 

Esta idea es compartida por Jorge Martín Rodríguez, profesor investigador del Instituto de Salud Pública de la Javeriana, quien señala, que más que una posibilidad, es una realidad.

Según él, en efecto, habrá  una endemia de COVID-19  en el mundo durante los próximos años. “Solamente cuando tengamos un alto nivel de vacunación, resistencia a las cepas, la no incorporación de nuevas variantes, podemos pensar en estrategias epidemiológicas progresivas: control, eliminación y erradicación” del virus, agrega.

Incluso, la Organización Mundial de la Salud, OMS,  ha dicho en ese sentido que el mundo debe aprender a vivir con el coronavirus y luchar con las herramientas que tiene, a pesar de los esfuerzos para vacunar a la mayor cantidad de población mundial posible.

La inequidad mantiene ‘viva’ la pandemia

Estos esfuerzos distan mucho de la realidad. La distribución mundial de vacunas  para combatir la pandemia ha sido lenta y desigual entre países ricos y pobres. Además, la renuencia a vacunarse es un problema en todas partes.

El proyecto Our World in Data de la Universidad de Oxford da cuenta de esta situación, señalando que solo el 2,5% de habitantes en países de bajos ingresos ha recibido al menos una dosis de la vacuna.

Mientras Emiratos Árabes  Unidos, Portugal, Chile, España y Singapur tienen a más del 80% de su población vacunada, países africanos como Tanzania, Nigeria y Etiopía, la cifra no supera el 2,5%.

Ese es precisamente el problema de fondo a nivel mundial: la profunda inequidad en la distribución de vacunas, considera Dionne Cruz, presidenta de la Asociación Colombiana de Salud Pública.

Lo anterior, “representa un riesgo de permanencia de la pandemia en aquellas naciones donde las coberturas son tan bajas”, enfatiza.

En ese orden de ideas, advierte que el riesgo es que se produzcan nuevas mutaciones, variantes más agresivas y contagiosas, “que generen incluso una disminución en la capacidad inmunológica de las vacunas de darnos una protección”.

A todas luces, un escenario de total incertidumbre, admite Cruz.

 Así las cosas, la evolución y la gestión de la pandemia son impredecibles.

El epidemiólogo Rodríguez prevé que seguramente en los próximos meses o años, “vamos a asistir a estrategias poblacionales, restricciones mínimas, recomendaciones  en ambientes, límite de aforos, estrategias individuales y poblacionales”, teniendo en cuenta que la COVID-19 es un enfermedad infecto-contagiosa.

Sin embargo, Cruz alerta  sobre el alto riesgo que implica la relajación de medidas  en el sentido de insinuar el no uso de tapabocas, y que no es importante el control de aforos, porque “primero nos acerca un escenario de la cuarta ola y, nos sigue dejando enfermedad y muerte”.

Es categórica en afirmar que “estamos muy lejos de entender que esto es una gripe, y hay que pasar la página”. Realmente implica ampliar la cobertura de vacunación, el acceso a los biológicos, “un trabajo de uno a uno” de no bajar la guardia.

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ÁNGELA CASTRO ARIZA

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