La Calle: Circulación en el centro

El centro de Ibagué tiene muy pocas vías de acceso y poquísimas de salida.

Junto con el barrio de La Pola, en la práctica solo se puede salir por las carreras segunda y cuarta, o por las calles once y quince. La cantidad de vehículos que acceden al núcleo económico y administrativo de nuestra capital, arman un desorden de la madonna, propiciado por el mal parqueo impune de los vehículos oficiales, por la indisciplina de los taxistas que paran en cualquier parte en carril izquierdo o derecho, por el caos inducido por las busetas que se atraviesan en dos carriles cuando paran en cualquier parte de la calle a recoger pasajeros y a impedir que la competencia los sobrepase y que se atraviesan en las bocacalles, parados allí, estorbando a peatones y otros vehículos, y además por los vehículos particulares cuyos conductores también estacionan en los sitios prohibidos.

Así, con los conflictos de la primera y segunda con 19, con las carreras de salida llenas de busetas y con el desorden de la quince, muchos conductores optan por utilizar la calle once para irse del centro. Y ocurre que el estado físico de esa calle, la programación subóptima de los semáforos y el estacionamiento en sitio prohibido a lado y lado de la calle 11, hacen que el tránsito sea lentísimo y que se desaproveche la capacidad de la vía que perfectamente puede operar con tres carriles entre la segunda y la quinta.

Resulta que los baches de esta calle obligan a conducir más despacio de lo aconsejable. Se pone en verde el semáforo de la cuarta y cada carro por la once debe pasar lentamente por el hueco en la esquina del Parque Murillo Toro, cuando lo deseable es que todos los vehículos en espera arranquen más o menos al tiempo y todos pasen como un solo bloque y no “graneaditos” por la frenada obligada. Lo que exaspera al ciudadano es que para avanzar una cuadra, hay que esperar por dos o tres turnos del semáforo. Ineficiencia total.

Para resumir, debo decir que la once se está destruyendo entre la cuarta y la quinta, está semidestruida entre quinta y sexta y que estos daños inducen a una pérdida enorme de tiempo de los contribuyentes. Es claro que la administración municipal está reparando vías. Todos los ibaguereños tenemos derecho a que la calle frente a nuestra casa esté pavimentada y sin huecos. Pero es que hay unas vías con “más derecho” que otras. Las calles con mayor tráfico promedio diario (TPD), es decir por donde más carros transitan, tienen que tener mayor prioridad que las de barrio con muy poco tráfico. Fuera bueno conocer las medidas de TPD y de velocidad media de aquellas vías intervenidas en este año, medidas tomadas antes y después del arreglo, para así calificar el acierto o no del sitio escogido para el parcheo o la reconstrucción. No con el ánimo de conocerlas para criticar sino para que, ese conocimiento público, ayude a que las próximas decisiones sean tan acertadas como las actuales o para que se refine y mejore el proceso (sin cálculos políticos) de las próximas intervenciones.

A propósito, ¿cuándo cambiará el sentido de la segunda y la primera?... ¿Cambiará algún día?

Julio A. Londoño B.

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