Cambiar, avanzar y construir

Estamos a menos de una semana de la segunda vuelta presidencial y, en la campaña, se ha venido escalando el lenguaje, los señalamientos, los enfrentamientos y las “imputaciones” abundan por doquier.
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Sin lugar a dudas, es este, uno de los momentos trascendentales en la historia reciente de Colombia, tal vez después de la “Revolución en Marcha” de 1936 con Alfonso López Pumarejo y Darío Echandía –tolimense- y Carlos Lleras Restrepo en 1968 que propició la creación de instrumentos de planeación e intervención económica –de control del gasto público-. 

Es la recta final de una elección en la que, a priori, el partido de gobierno –y todos los partidos tradicionales-, fueron “derrotados” en la primera vuelta, todos ellos que, en coalición o alternancia, han gobernado el país desde la expedición de la Constitución Política de 1991. Es la primera vez, en más de 30 años, que los candidatos que pasaron a segunda vuelta representaban, en principio, el cambio, con dos modelos diferentes, claramente, sobre los cuales se deberá escoger este fin de semana, bajo un clima de polarización, fragmentación y agotamiento ciudadano, no solo por las políticas de este gobierno –en todo orden, económicas, sociales y ambientales principalmente-, sino por el escalonamiento en el enfrentamiento político que atraviesa Colombia, pues si bien, la política tradicional perdió con su candidato el pasado 29 de mayo, esa “derrota”, lejos de sacarlos de la contienda electoral, los mutó hacia una de las propuestas vencedoras en la primera contienda. 

Y es que para nadie es un secreto que el candidato Rodolfo Hernández necesita de los partidos políticos tradicionales -incluido el de gobierno- y sus “jefes”, no solo para remontar la ventaja que le tomó Gustavo Petro en la primera vuelta, es también alcanzar el número de votos necesarios para ganar, que se estima por encima de los diez millones y medio y lo que se ve, según las encuestas y sondeos es que esto le está pasando factura; a medida que pasan los días y más se conocen las propuestas y al candidato, se puede observar una relación inversamente proporcional con la intención de voto, de todas formas, el voto finish está asegurado.  A falta de confrontar las propuestas, definitivamente no habrá debates en lo que resta de esta elección, la estrategia será la de disuadir, más que persuadir, como ha venido ocurriendo con los denominados “Petrovideos”, que por lo visto, están ocasionando más cohesión al interior del Pacto Histórico que fragmentación, habrá que esperar si ese mismo efecto se genera en el votante y en el ánimo de cambio ya expresado en las urnas. 

Como lo manifesté hace algunos días en mi cuenta de Twitter, estoy convencido que el país necesita cambios estructurales, representados en la sociedad, los colectivos populares, de defensa ambiental y, sin dudarlo, en las mujeres y los jóvenes que reclaman equidad y oportunidades. Caminar hacia la reconciliación y la paz, ya no es solo con los actores del conflicto armado, también con el contradictor político –Colombia necesita avanzar y no desechar la propuesta de Petro referente al acuerdo nacional-. Como esencia de la democracia, podemos disentir de algunos de los postulados del Pacto Histórico –gran parte de los indecisos pensarán lo mismo-, pero es esta, la opción de cambio que representan Gustavo Petro y Francia Márquez, la más cercana a los avances que necesitamos y podemos construir entre todos.

 

CAMILO ERNESTO OSSA B.

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