Extrema desigualdad, la sepulturera de la democracia

Darren Walker, presidente de la Fundación Ford, escribió y publicó recientemente en el diario New York Times (25 de junio) un importante artículo sobre el futuro del capitalismo: “Are You Willing to Give Up Your Privilege?” (¿Está dispuesto a renunciar a sus privilegios?). Se trata de la más elocuente denuncia y advertencia sobre la crisis del capitalismo en muchos años, materializada en una profunda y creciente desigualdad económica y social entre las personas, comenzando por Estados Unidos.
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Entre sus mensajes, cabe destacar los siguientes: “el capitalismo debe ser reformado si queremos salvar nuestra democracia. Esto requerirá rechazar la ideología pasada de moda de Milton Friedman: el dogma de que una empresa debe poner el valor del accionista por encima de todos los demás objetivos. Requerirá que las corporaciones operen…en beneficio de todos los interesados (stakeholders): clientes, empleados, proveedores, comunidades y accionistas…Además, debemos preguntarnos… ¿Cómo fomentamos la inversión en las personas y sus habilidades, no solo en automatización y robótica? ¿Qué significa escribir un código tributario que reduzca la desigualdad? ...Con demasiada frecuencia, la política pública hace exactamente lo contrario: en 1982, una regla de la Comisión de Bolsa y Valores permitió a las corporaciones recomprar sus acciones…Esto creó un entorno en el que las empresas aceleraron el uso de opciones sobre acciones y capital como formas de compensación ejecutiva…Solo en 2018, las empresas estadounidenses gastaron más de $ 1 billón de dólares (en español) en la recompra de sus propias acciones…”

Algunos años atrás, en 1986, Hyman P. Minsky, escribió y publicó una memorable obra, “Sabilizing An Unstable Economy” (Estabilizando una Economía Inestable), en la que expuso su premonitoria tesis acerca de la inestabilidad inherente al sistema capitalista, y la consecuente necesidad de intervenirlo por parte del estado, a fin de sacarlo a flote. Sus enemigos del área neoliberal de la economía llegaron a acusarlo de comunista, cuando lo que 2 perseguía, como John Maynard Keynes, su inspirador, era ahuyentar la sombra de los totalitarismos y salvar la democracia.

En Colombia nos hallamos ante un desafío similar. La extrema desigualdad, de la mano de la corrupción que la agudiza, continúa siendo la amenaza más grave para nuestra democracia. Si pretendemos en verdad preservarla, junto con uno de sus más preciados frutos que es la libertad individual y empresarial, la sociedad tiene que estar dispuesta, sin exclusión alguna, a recomponer la estructura de los privilegios que riñen con la equidad.

Una oportunidad única para comenzar cuanto antes dicha tarea, es la próxima reforma tributaria que ineluctablemente tendrá que abordarse el año siguiente.

La cual no podrá limitarse a tapar coyunturales huecos fiscales, como ha venido sucediendo en promedio cada año y medio durante la historia reciente. Una reforma fiscal estructural es aquella que, al menos, tenga una vigencia de dos períodos presidenciales.

Ahora el fundamento ineludible e inaplazable debe ser el combate contra la insoportable extrema desigualdad, que, de proseguir, podría ser la sepulturera de nuestra democracia y nuestra libertad.

CARLOS GUSTAVO CANO

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