Prueba ácida

Las contundentes movilizaciones del Paro Nacional sacudieron al establecimiento y pusieron en jaque al Gobierno, que horas antes de la gran marcha del 28 de abril, se mostraba arrogante y confiado de sacar adelante su Reforma Tributaria.
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Creyeron que el miedo al Covid evitaría que la gente saliera a las calles a protestar. Intentaron que la orden de un Tribunal creara confusión entre los manifestantes y motivara acciones represivas por parte de los mandatarios locales. Hasta el mismo Uribe intentó conjurar la protesta presentando una contra-propuesta de Reforma improvisada y confusa. Ahora, que nada les ha funcionado, en una decisión digna de una dictadura opresora y violenta, el Gobierno apela a la acción armada para reprimir el inconformismo desatado en las calles, con varios muertos y heridos como saldo.

Al Presidente definitivamente poco le importa la expresión ciudadana y por eso la reprime militarizando ciudades y cohonestando con el abuso policial. Está jugado a pasar la Reforma y no permitir un fracaso político de esa magnitud, sobre todo porque, como lo escribí en mi columna de la semana pasada, de ahí depende el discurso populista que venderán a los estratos más bajos en la campaña del 2022: el cuento de la segunda Venezuela no les funcionará de nuevo, entonces apelaran a convencer que gracias a ellos se habría asegurado educación superior gratuita para los jóvenes y un raquítico “ingreso solidario” para las familias pobres. Lo expresado con desespero por el Presidente sobre acceder a construir un texto de Reforma al acomodo de lo que digan los Partidos y la súplica de Uribe por lograr un consenso en el Congreso, confirma lo anterior.

Nos aprestamos a presenciar una verdadera prueba ácida para los legisladores colombianos y los Partidos Políticos. Ellos tendrán que decidir entre apoyar la lucha de los ciudadanos en las calles que significa tumbar definitivamente la Tributaria o acomodarse a una propuesta “colcha de retazos” y permitirle al Gobierno salir ganador de esta coyuntura. Para muchos de ellos, acostumbrados a ser verdaderas motobombas chupa mermelada, no será una decisión fácil. Sobre todo porque ahora tienen la tentación, reitero, de incluir modificaciones al tamaño de los intereses de las élites económicas que muchos de ellos representan.

Si bien la oposición y los Partidos Liberal y Cambio Radical, hasta ahora se han mostrado firmes en el rechazo de esa nefasta iniciativa, la concesión del Presidente sobre acordar con ellos la Reforma podría hacerlos cambiar de opinión: ahora que el Gobierno se les “bajo los cucos” podrían aprovechar para meter mano y exigir a cambio cualquier cosa.

Prestarse para hacerle el juego al Gobierno y lavarle la cara al uribismo sería una equivocación histórica que le costaría lágrimas (en lo electoral) a los Partidos o congresistas que decidan hacerlo. Sea cual sea la propuesta de Reforma, aprobarla sería darle una victoria inmerecida a un Gobierno que en plena pandemia y con niveles de pobreza desbordados, se atrevió a intentar expropiar los ingresos de los trabajadores colombianos y encarecer la comida y los servicios públicos, mientras mantenía las gabelas tributarias entregadas hace dos años a los poderosos grupos económicos del país; de paso sería respaldar el abuso y la violencia contra una ciudadanía que agobiada por el desempleo y la miseria salió a las calles a protestar contra el abuso y la tiranía.

CÉSAR PICÓN

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