Justicia Mediática

La Corte Suprema de Justicia vivió una época dorada. De ella hicieron parte los juristas más destacados del país. Ocupar ese privilegiado lugar estaba reservado para los hombres y mujeres más calificados en el mundo del derecho, pero además quienes debían ostentar principios morales que no admitieran el más mínimo reproche.

La Corte Suprema de Justicia vivió una época dorada. De ella hicieron parte los juristas más destacados del país. Ocupar ese privilegiado lugar estaba reservado para los hombres y mujeres más calificados en el mundo del derecho, pero además quienes debían ostentar principios morales que no admitieran el más mínimo reproche. 
Afortunadamente para nuestra región, de esa alta corporación hicieron parte los tolimenses Alfonso Reyes Echandía, Antonio Rocha y Darío Echandía. Con sólo mencionarlos podemos darnos una idea exacta de la estatura de la Corte en aquellos tiempos. Por supuesto, cabe recordar otros magistrados ilustres como Luis Carlos Pérez, Luis Eduardo Mesa Velásquez, Manuel Gaona Cruz, entre otros.

Sus nombres eran mencionados con respeto casi reverencial en todos los círculos de la sociedad. Sus fallos, analizados en las facultades de Derecho del país por ser piezas magistrales que hacían honor a la justicia. Sinembargo, no era extraño que sus rostros fueran desconocidos para millones de colombianos. La explicación es muy sencilla: ‘Aquellos magistrados se pronunciaban mediante sentencias debidamente publicadas’. Si alguien quería saber su opinión acerca de uno u otro tema, debía acudir a esos textos. A ellos, Jamás se les vió frente a un micrófono discutiendo, aclarando o polemizando acerca de sus decisiones.  

Cuan lejos estamos de ese ejemplo. En los últimos tiempos empezamos a ver a los magistrados –de todas las altas cortes sin excepción- en una especie de afán mediático. Un ‘reality’ que flaco favor le hace a la ya muy criticada y maltrecha justicia de nuestro país. Sin embargo, nadie, ni el más arriesgado de los ciudadanos se hubiera atrevido a esperar que la H. Corte Suprema de Justicia anunciara sendas denuncias contra periodistas que han criticado algunos de sus comportamientos. 

Me refiero obviamente al caso de María Jimena Duzán de la revista Semana y Cecilia Orozco de El Espectador. Es posible que muchos no estén de acuerdo con sus apreciaciones, pero ‘amenazar’ con denuncias, sienta un mal precedente, sobre todo por venir de una Corporación que se precia de enarbolar todas las libertades que permite una democracia. Como bien lo recuerda la revista Semana, los magistrados de la Corte Suprema parecen haber olvidado el pronunciamiento de sus colegas de la Corte Constitucional quienes potenciaron la libertad de expresión al proteger “todo tipo de expresiones socialmente aceptadas, incluso las ofensivas o chocantes”, pues se trata de proteger no sólo lo expresado sino el tono en el que se expresan las ideas.

A este punto no habríamos llegado si los H. magistrados no se hubieran dejado enceguecer por su ego y la vanidad que producen las luces de las cámaras y el eco de los micrófonos, olvidando que la majestad de la justicia se imparte desde los estrados judiciales y no a través de los moldes de prensa.

EDWARD AMAYA MÁRQUEZ

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