Sociedad civil y anticorrupción

Una sociedad organizada en forma democrática posee como base la participación de la colectividad civil, la cual se identifica con la democracia participativa. Tal intervención debe ser eficaz a partir de la adecuada utilización de mecanismos orientados a la organización en comunidad, conforme a los intereses generales.
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La participación de la sociedad civil debe tener un resultado que incida directamente en una transformación positiva sobre el bienestar común. Dicha colaboración comprende estas dos tipologías: por un lado, referida al ejercicio del poder político a través de los partidos y movimientos políticos y, por el otro, a la reivindicación o reclamo de intereses comunes sin necesidad de pertenecer a algún grupo político.

Estas tipologías de participación contribuyen a efectuar un encuentro de los partidos y movimientos políticos con la sociedad civil, encaminado a asegurar la efectividad de los deberes sociales del Estado y de los asociados, así como también a que la democracia avance, que no se detenga. Están orientadas entonces al adecuado cumplimiento del interés general que es uno de los propósitos de la formula Estado social y democrático de derecho.

Lamentablemente, en la actualidad la participación de la sociedad civil está siendo afectada por la corrupción (pública y privada) y esto se encuentra demostrado con suficiencia. Es muy evidente que en el país se ha establecido una gama de antivalores, una cultura perversa (mafiosa), una economía especulativa y rentista que beneficia precisamente a quienes usufructúan los espacios del poder económico y político, con un sistema parapetado (o cubierto) en lo público para el beneficio de individuos antitéticos. 

Por lo anterior, conviene realizar afianzados consensos para combatir la corrupción, pues esta dificulta en gran parte el cumplimiento adecuado de los fines esenciales del Estado. De ahí la necesidad de efectuar acuerdos ideados por la construcción de un modelo de desarrollo económico, cultural, social, político y ambiental, sin tolerancia a los actos inmorales. Es eso lo que permitirá la edificación de escenarios colectivos y públicos para la definición de una ética ciudadana en las sociedades contemporáneas. 

Recordemos, además, que la democracia también alude al conjunto de valores que nos permitan alcanzar la convivencia pacífica e inspiren el quehacer ciudadano. Por tanto, debemos efectuar un cambio de actitud y reforzar la ética en las siguientes generaciones, pensando siempre en un país con un mejor futuro.

 

CARLOS FERNEY FORERO HERNÁNDEZ

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