El pánico a “colombianizarse”

La semana anterior, se ratificó que Colombia está sumergida en un abismo sin fondo y su derrumbe moral, ético e institucional no tiene límites.

La nación no lograba tomar algo de oxígeno, cuando explotaba otro escándalo que ratificaba que los retrocesos del actual gobierno, nos está conduciendo a una debacle que sumergirá a Colombia en una ruta sin retorno.

Se avecina un contexto en el cual las instituciones terminarán concentradas en un solo poder, regido por la égida de una corrupción que defiende a sangre y fuego los intereses de esa élite política y económica que históricamente ha gobernado este país.

La renuncia del Fiscal más cuestionado de la historia, demostró que sistemas judiciales como el peruano, está a años luz del nuestro. Martínez Neira, llevó a Colombia a erigirse como el único país de la región, en el que no se obtuvo ningún resultado de las investigaciones sobre el escándalo de Odebrecht.

Con su cuestionable proceder protegió a esos criminales de cuello blanco, que consientes de su invisibilidad ante la mano de la justicia, tendrían una “patente de corso” para continuar el desangre del erario. Aduciendo razones morales, ese Fiscal incapaz y mediocre, terminó renunciando sin dar la batalla por demostrar que alias ‘Santrich’ estaba vinculado al narcotráfico luego de los acuerdos de paz, emitiendo en el texto de renuncia un llamado a romper la institucionalidad y la ley.

Sin lograr reponernos de semejante impacto, el New York Times, tuvo que salir a contarle a los colombianos y al mundo, que debido a las directrices emanadas por el Ministro de Defensa y la cúpula militar, volvíamos a esa perversa política de estimular mediante incentivos el aumento de bajas de delincuentes, para lo cual, el daño colateral a la población civil no sería determinante ni factor primordial para desarrollar las operaciones militares.

Como si fuera poco, toda una senadora de la República, se pronunció sobre el periodista que fundamentado en el acervo documental recabado en sus investigaciones, publicó la columna en el diario con mayor número de premios Pulitzer. Mediante un interrogante con claros visos de amenaza Cabal dio a entender que Casey habría sido pagado por las Farc, lo que condujo al reconocido periodista a salir atemorizado del país.

Por supuesto, el diario y hasta el Senador más antiguo de los EE.UU., Patrik Leahy, exigió al presidente Duque algún tipo de pronunciamiento, a lo cual, fiel a su accionar, el inexperto mandatario ha guardado un cómplice silencio.

En ese orden de ideas, el país que votó No por la paz y eligió a un desconocido para ocupar la Casa de Nariño por temor a convertirnos en “otra Venezuela”, sobresale en el escenario internacional como un país tramposo, violador de Derechos Humanos, corrupto y listo a dar el zarpazo al equilibrio de poder que le da sustento a la democracia.

No queda duda, que todos los países del planeta con pocas excepciones deben tener un supremo temor a volverse como Colombia, sin duda, la “colombianización” es una maldición que ninguna sociedad medianamente civilizada aspira a alcanzar.

Analista Internacional

@hgaleanodavid

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