Petro y la Caja de los Truenos

La lucha de clases que anunciaba el derrumbe del capitalismo a manos del proletariado, la formuló Carlos Marx en el contexto de la primera revolución industrial. La gente laboraba 14 horas diarias, 7 días a la semana; no existían salario mínimo, vacaciones ni pensiones.
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Engels denunció cómo en Mánchester (donde su padre tenía una textilera) “la mortalidad por viruela, sarampión, escarlatina y tos ferina era cuatro veces mayor que en las áreas rurales vecinas”. Tampoco había seguridad social. 

La profecía se cumplió al revés. El capitalismo derrumbó la Cortina de Hierro sin disparar una salva. La victoria se la atribuyen a Hayek (el péndulo favoreció a Reagan y Thatcher), pero la guerra al totalitarismo la ganó Keynes, cuya llave maestra salvó a Occidente de cataclismos, cracs financieros y guerras mundiales. El Estado Bienestar nació de la alternancia democrática entre social demócratas y liberales clásicos. La capacidad reformista y autocrítica, para reinventarse, de la democracia liberal, desarmó insurrecciones y revoluciones; mientras en el Este el ejército soviético invasor aplastaba levantamientos populares en Hungría, Checoslovaquia y Polonia.  

Por eso preocupa el sesgo ideológico que ha venido tomando la protesta social liderada por la CUT, central sindical que se define como “clasista”, pese a que su patrono no es una burguesía usurera, sino el sufrido contribuyente colombiano. Francisco Maltés se hizo elegir en 2018 a nombre de “los estatales”, con la bandera de “ampliar las plantas de personal de las entidades públicas”. Llegado a la presidencia dijo: “Trabajaremos para que la izquierda se una con los movimientos para ser una alternativa real de poder en 2022”. La coalición de gobierno acaba de complacerlo, ensanchando la burocracia de la Procuraduría.

Colombia no explota a sus empleados públicos. Los colma de prebendas con cargo a nuestros impuestos. No obstante, tienen el descaro de presentarse como voceros de 3,5 millones de desempleados y 10 millones de informales. Las demandas irrealizables del Comité de Paro, con las que engatusan a los jóvenes, los tienen sin cuidado. Lo importante es apropiarse de la calle y calentarla. No soltar la “Caja de los Truenos”, arma política decisiva en un año electoral.  

Gustavo Petro encabeza las encuestas. Mantener vivo el estallido social le sería útil para ganar la presidencia y convocar, de inmediato, una Constituyente que le permita gobernar “mínimo tres periodos”, como lo ha reiterado públicamente. Enfrentaría nuestra deslucida institucionalidad (Constitución, leyes, mayorías parlamentarias, fallos judiciales) con la “democracia directa” de unas hordas delirantes, exigiendo cambios. “La violencia es partera de la Historia”, enseñó Marx. Bloqueos, incendios y asonadas serían la expresión legítima del libre desarrollo de nuestra personalidad social.  

Seguiría con la fórmula de los Kirchner: $74.000 millones de dólares en los Fondos Privados de Pensiones (AFC). Si pasan a manos del Estado y su administración recae en aliados leales (Roy Barreras, Timochenko, Armando Benedetti, Gustavo Bolívar, ¿Francisco Maltés en Mintrabajo?), el socialismo, por ósmosis, redistribuirá la pobreza, aclimatando la discordia social necesaria para perpetuarse en el poder.  

No es un escenario improbable el que planteo. Ante la ausencia de Keynes en Colombia, quizá la ruptura marxista castigue la renuencia a hacer reformas reales, de una clase dirigente miope, venal e indigna del momento histórico. 

GUILLERMO HINESTROSA

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