Una despensa electoral

Recibí esta semana un respetuoso mensaje del exsenador Mauricio Jaramillo, en el cual me recrimina por las afirmaciones de mi columna pasada, en donde califiqué de traición al Tolima la decisión de apoyar a un candidato de Caldas al Senado. Pese a que su mensaje es privado, el asunto es público, y por ello me voy a referir a algunas de sus consideraciones. Dice Jaramillo que mis opiniones son injustas y banales, y que desconozco su compromiso con el liberalismo y el departamento; que la decisión de votar por un caldense se tomó ante la imposibilidad de tener un candidato tolimense que obtuviese 80 mil votos, la votación que él estima como mínima para obtener una curul, y que no todos tienen mi suerte, que a pesar de mi “escasa capacidad electoral, le han dado un lugar de privilegio en la lista del Nuevo Liberalismo”.

Para refrescar memorias

Finalizando los años ochenta Colombia tuvo que enfrentar la terrible amenaza del narcoterrorismo.

Voces de la Colombia olvidada

Uno de los desafíos que tiene el país es que todo el pueblo de Colombia tenga voz en el Congreso Nacional. Esto es algo que quiso la Constituyente del 91, creando circunscripciones especiales, como la de los indígenas en el Senado, la de afrocolombianos en la Cámara y las de colombianos residentes en el exterior, a cuya población le arrebataron un cupo.

¡Aquí estamos!

La decisión no era fácil. Primero había que ganar las ‘primarias’ en mi familia, que con sobrada razón se oponía a que nos metiéramos a participar electoralmente y ofrecerle a Colombia una opción de cambio real. Consulté a los amigos, algunos de ellos, llenos de cariño y sensatez, me aconsejaron ni siquiera pensarlo, sabedores de que carezco de fortuna económica y de ‘maquinaria electoral’ para aspirar a un escaño en el senado de la República. Así, tomé distancia y me fui casi dos meses a España, a valorar la situación y tener mayores elementos de juicio. Regresé tan dubitativo como me fui.

Desidia y falta de grandeza

A simple vista el asunto parece intrascendente, pero no hay tal. Es muy importante, tiene implicaciones culturales, económicas e inclusive políticas.

Entre los problemas y las oportunidades

Esta semana hubo dos noticias que llamaron mucho mi atención: una, que la reactivación económica efectivamente está teniendo lugar y la tasa de desempleo comienza a ceder; la otra, que según el Banco Mundial y el Pnud, Colombia es el país con la mayor tasa de desempleo en Latinoamérica después de Haití.

¡Ni un paso atrás!

El nuevo jefe único de Cambio Radical, Carlos Fernando Galán, por razones de conveniencia política ha retirado el aval a cerca de 300 candidatos que aspiran a nombre de esa colectividad para las elecciones de octubre, basado en reparos éticos. Es una decisión valiente, corajuda. Algo que sorprende en política, pues lo habitual en estos casos es que se pase de agache, que se dé prioridad a los votos, hacerse el de la vista gorda y mirar para otro lado.

Un faro en la oscuridad

El 1 de abril de 1993 fallece atropellado por un bus en Ibagué un patriarca altamente apreciado: Rafael Toro González. Miembros de la Asociación Cultural Combeima me pidieron pronunciar una oración fúnebre en sus honras, un honor inmerecido para mí. Después de la misa fuimos al cementerio a acompañar a la familia a dejar los despojos mortales y al finalizar la ceremonia me crucé con Antonio Melo, director gerente de este diario, quien me pidió copia del texto y me preguntó si podía publicarlo, como en efecto lo hizo.

La confesión de Barreto

El pasado viernes leí un artículo muy interesante en este mismo diario, en el cual encontré la siguiente afirmación: “El Tolima presenta un enorme déficit en vías rurales intervenidas, ya que de 11.000 kilómetros sólo un 1% se encuentra en óptimo estado.

El asalto en Medellín

El cinematográfico asalto a una comercializadora de oro en Medellín perpetrado esta semana es un anticipo más de lo que nos corre pierna arriba si no reaccionamos. No estamos en presencia de unos vagos de esquina o de muchachos menesterosos en busca de algo para comer. No. En el hecho participaron al menos dos docenas de malandros perfectamente organizados y armados. En mi opinión es una fotografía del futuro que ya llegó. Marca un punto de inflexión en el avance de la inseguridad y desnuda muchos de los graves problemas que tenemos.