Para vivir el cambio

El presidente Gustavo Petro ha logrado crear una atmósfera de esperanza que se respira en todo el país. El Palacio de Nariño es el centro generador.

Buen viento y buena mar

Desde que tengo conciencia nunca la posesión de un presidente de la República había despertado tanta expectativa en el país como la de Gustavo Petro. Posiblemente, la de Alfonso López Michelsen en 1974.

Duque, a Juicio de Residencia

La lucha contra la corrupción y el abuso de poder son centenarias, por no decir milenarias. Durante la Edad Media fue preocupación de los reyes controlar a sus funcionarios y evitar que maltrataran a los súbditos.

Los tiempos están cambiando

La designación del jurista Iván Velásquez como ministro de Defensa ha suscitado revuelo entre las toldas uribistas. La senadora Paloma Valencia se ha precipitado a decir que ello pone en peligro la vida de quienes están en la oposición, y que Velásquez es un ‘enemigo’ del Centro Democrático y de su jefe el expresidente Álvaro Uribe. El que las usa, las imagina.

En busca de los incorruptibles

Hace treinta años Italia atravesaba una honda crisis de corrupción política. Los partidos que dominaban la escena, la Democracia Cristiana (DC) y el Partido Socialista (PSI), estaban totalmente descompuestos. Adicionalmente, y para acabar de completar la tragedia, el país sufría una crisis económica, y esto hacía insoportable la corrupción. No había día en el que no se destapara un escándalo de sobornos, mordidas, politiquería y financiación ilegal de los partidos. La irritación pública era manifiesta.

¿Nace el Petro-liberalismo?

El liberalismo ha regresado al poder. Solo que esta vez lo hace de la mano de un social-demócrata que no milita en ninguna de las organizaciones ‘liberales’ del país. El presidente Gustavo Petro viene conformando su equipo de gobierno y, hasta el momento, ha designado en tres carteras clave a personalidades liberales: José Antonio Ocampo (hacienda), Cecilia López (agricultura) y Alejandro Gaviria (educación). Igualmente, el primer embajador nombrado es Luis Ernesto Vargas, expresidente de la Corte Constitucional, un aguerrido defensor de los derechos humanos y de la Constitución del 91. Reemplazará en la OEA al inefable Alejandro Ordoñez. Un nombramiento que encierra varios mensajes.

¡Piratas al acecho!

Uno de los principales desafíos del Gobierno entrante es acabar con la corrupción. A ésta hay que pararla ya, so pena de que se trague el brote verde de esperanza generado tras las elecciones. De no hacerlo, el Acuerdo Nacional que promueve Petro corre el riesgo de fracasar, por la llegada de piratas dispuestos a asaltar el barco.

La gran lección española

El general Francisco Franco gobernó España durante casi 40 años luego de hacerse con el poder al finalizar la guerra civil (1936-39), en la cual perdieron la vida más de medio millón de españoles. A su muerte, el país entró en una etapa de incertidumbre y tuvo que enfrentarse al dilema de mantener intacto el régimen o abrazar la democracia. A Franco lo sucedió en la jefatura del Estado el rey Juan Carlos, quien tuvo el acierto de poner en la presidencia del gobierno a Adolfo Suárez, que lideró el período que se conoce como la ‘Transición’.

¿Qué le falta a Colombia, don Joaquín?

Colombia siempre ha estado en guerra consigo misma. Siempre hemos tenido motivos de sobra para odiarnos, para mirarnos con desconfianza. Estando en bachillerato en una conversación con uno de los patriarcas en mi pueblo, Joaquín Paz, un hombre inteligente, agudo y emprendedor, me dijo que nos hacía falta tener una guerra para terminar de consolidar una identidad nacional y una idea de país. Quedé perplejo, y le dije: pero si nos cabe una sola guerra más, llevamos años en guerras. “Sí, pero todas entre nosotros. No con otro país”.

Una carta para Petro

Toda campaña política genera crispación y estrés social en cualquier parte del mundo. Colombia por supuesto no es la excepción y no podría serlo. La nuestra es la historia de las pasiones políticas extremas, desde el minuto cero de la declaración de independencia hasta nuestros días. Somos una nación en guerra consigo misma. Bolívar, dijo alguna vez, que cada colombiano era un país enemigo.