¡Averígüelo Vargas!

A Winston Churchill se le atribuye la frase de que el poder político está donde están las curules. Pareciera que alguien se los ha recordado a César Gaviria y Germán Vargas, que tienen 30 senadores y 65 representantes, y han puesto contra las cuerdas al presidente Duque y al polémico proyecto de reforma tributaria.
PUBLICIDAD

Este proyecto está generando efectos políticos no deseados. Un primer efecto es un pulso con el Partido Liberal y Cambio Radical. Sus jefes han decidido aprovecharlo para: 1. Disciplinar a sus congresistas y recordarles quiénes son los que mandan, el que desobedezca no tendrá aval en marzo. Esto le viene especialmente bien al patrón de Cambio Radical, cuyo liderazgo estaba amenazado por la casa Char, más cerca hoy de Uribe que de Vargas, gracias a la ‘mermelada’ de Duque. Es una manera de decirle a esta casa: aquí el ‘man’ es Germán, no se equivoquen. 2. Desmarcarse de la impopularidad de Duque, dejar que con ésta carguen el Centro Democrático, el Partido de la U y los conservadores; y 3. Aparecer ante la opinión como partidos que no sucumben ante potajes almibaradas, muy oportuno en tiempos de profunda indignación ciudadana, como lo demuestra el ascenso de Gustavo Petro, según lo confirman las encuestas. Es como si Gaviria y Vargas quisieran entonar esa vieja canción de Gustavo Quintero: “Ese muerto no lo cargo yo, que lo cargue aquel que lo mató”; desean salvar el voto y dejar constancia de que no estaban en el arroyo “cuando se murió don Goyo”, que es esa clase media agonizante. Si la reforma se hunde, el triunfo sería de ellos, no de Petro ni de Robledo ni de los Verdes.

Ahora bien, es interesante saber si la aproximación es sólo coyuntural o si puede ir más allá. Dicha alianza revalorizaría las aspiraciones presidenciales de Vargas, quien aún no figura en las quinielas electorales. ¡Ojo al parche! ¡Vargas no está sepultado! El debate sobre sobre la reforma tributaria lo ha devuelto al centro de la escena. También reforzaría la jefatura de Gaviria, cuyo espacio político puede verse amenazado por los Galán, en caso de que devuelvan la personería jurídica al Nuevo Liberalismo. Si Vargas y Gaviria deciden construir un ‘centro liberal’ descuadrarían el tablero, surgiría una competencia a la ‘coalición de la esperanza’, con quien se supone Gaviria tiene acercamientos. El más golpeado, posiblemente sería Sergio Fajardo, pero también Juan M. Galán, De la Calle y Cristo, que hoy parece un astronauta flotando sin rumbo en la inmensidad del espacio sideral.

Es prematuro para saber si habrá una coalición VAGA (Vargas – Gaviria). Uribe y Duque se van a emplear a fondo y podrían buscar alianzas insospechadas, no pueden permitir que estos líderes se alcen con una victoria, una eventual coalición tendría efectos no solo a su izquierda sino a su derecha. A Uribe lo dejaría aislado en la extrema derecha y golpearía su condición de timonel de la convergencia conservadora, como en 2018. Por eso no deja de ser sintomática la propuesta de los Verdes a Duque de que retire la reforma para provocar un gran diálogo nacional y volverla a presentar. Quién movió los hilos para que le lanzaran este salvavidas, ¿Claudia López? No lo sé. ¿Quién puede saberlo? ¡Averígüelo Vargas!

GUILLERMO PÉREZ

Comentarios