Una bomba de tiempo

Esta semana tuve dos experiencias interesantes que deseo compartir con mis queridos lectores. La primera fue la reunión del Diálogo Regional por la paz social en Espinal, por convocatoria del Obispo Miguel Fernando González, el presidente de la Cámara de Comercio del Sur y Oriente del Tolima, Jaime Eduardo Melo, y el presidente del Comité de Gremios Económicos, Jairo Arias Barragán. Asistieron setenta y dos personas, representativas de los más diversos sectores: empresarios, sindicalistas, agricultores, jóvenes que han estado en el paro, alcaldes de varios municipios, dirigentes gremiales y profesionales, entre otros.
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Fue un ejercicio de diálogo y reflexión de enorme significado. Casi todos los participantes pudieron expresar sus puntos de vista. No alcanzo a referirme a las más de 50 intervenciones, todas, absolutamente todas, valiosas y pertinentes. La preocupación por el aumento de la pobreza extrema, hogares aguantando hambre pues solo tienen una o dos comidas al día, como lo manifestaron los representantes de la Olla Comunitaria de Ibagué, fue quizás el asunto más crítico, junto con el aumento del desempleo, y del desempleo cualificado, a decir del diputado Renzo García; igualmente, la falta de apoyo al sector productivo, particularmente a las microempresas, a las que no les llegan ayudas del gobierno, ni crédito bancario. La empresaria Luz Dary Calderón, de Melgar, manifestó su inconformidad por la ausencia de la banca en la reunión, y la falta de banca de desarrollo. Al final, se consensuaron nueve puntos, sobre los cuales se trabajará con miras a estructurar una agenda social de emergencia.

La segunda experiencia, fue la conversación con Juan Daniel Oviedo, director del Dane, en mi espacio de entrevistas. Las cifras sobre pobreza, desempleo e informalidad, estremecen, la pandemia nos ha dejado más de tres millones y medio de nuevos pobres. Pasamos de 17.5 millones de personas en pobreza monetaria a 21 millones. Se considera pobre a toda persona que no dispone de siquiera $384.674 al mes para satisfacer sus necesidades alimenticias. En Ibagué la situación es crítica, la pobreza monetaria aumentó de 168.000 personas a más de 238 mil. Casi setenta mil personas más. Ello significa que el 42.3% de los ibaguereños está en esa condición. Lo más dramático, sin duda, es la pobreza extrema (personas con menos de 140 mil pesos al mes para sus necesidades alimenticias). Históricamente, Ibagué solía tener entre un dos y un tres por ciento de la población en ese estado, pero durante la pandemia creció 10 puntos, subió al 13.2%. En números absolutos aumentó de 17.500 a 72.700 pobres extremos. De esa magnitud es el hambre en Ibagué, moralmente inaceptable. Otro dato deprimente es que la capital tolimense está por encima del promedio nacional en nivel educativo, pero es la segunda o tercera ciudad con mayor desempleo. Estamos formando para el desempleo, no para el empleo.

Todo esto es una bomba de tiempo, lo peor podría estar por venir. Esta tragedia no se resuelve con Policía ni Esmad. Es urgente reaccionar, con sentido de urgencia, el hambre no da espera y es muy mala consejera. Los jóvenes de la Olla Comunitaria nos están dando ejemplo, bajo la consigna de: “el pueblo salva al pueblo”, han hecho una ‘vaca’ para darle de comer a seiscientas personas. Es al menos un principio.

GUILLERMO PÉREZ

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