Un paso al frente

Colombia necesita construir un nuevo consenso político y social. Un consenso en torno a las reformas estructurales que deben hacerse para sacar al país de la penosa situación en que está.
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No podemos seguir por el camino que vamos, mantener el modelo actual sería un suicidio porque sencillamente se agotó, no da más de sí. Es preciso un cambio de rumbo. Sin un nuevo consenso, al país le esperan años de tormenta, inestabilidad, crispación política e incertidumbre.

La necesidad de reformas estructurales es evidente. A los resultados me remito: 21 millones de personas en situación de pobreza, y 7.4 millones en pobreza extrema que subsisten con menos de cinco mil pesos al día. El 52 % de la economía es informal. La justicia prácticamente no existe, el 97 % de los delitos quedan impunes; la corrupción está desbocada, según la Contraloría General de la República cuesta cincuenta billones de pesos al año. Cada dieciocho meses se hace una reforma tributaria; estamos fuertemente endeudados, la deuda externa asciende a US $157.172 millones de dólares. Sólo el 50,6 % de las personas en edad de jubilación recibe una pensión. En México, Uruguay y Bolivia ese porcentaje es del 100 %. El nuestro no es un buen país para ser viejo. Los cárteles del narcotráfico y de la minería ilegal están más fuertes que nunca, y aún no superamos la violencia política. Además, existen grandes zonas del territorio patrio en las que el Estado es una ilusión y están a merced de bandas criminales. En fin… ni para qué sigo.

Un amplia cantidad de colombianos comparte la necesidad del cambio, y ello explica porqué los precandidatos presidenciales que se mueven en la órbita del continuismo no despegan. La gente los percibe como más de lo mismo. Por el contrario, casi todas las encuestas coinciden en que Gustavo Petro encarna ese sentimiento. Sin embargo, es un líder que despierta grandes y profundos temores, y no precisamente por lo que plantea, que es una agenda liberal de corte socialdemócrata, sino porque muchas personas sienten que con él, Colombia podría internarse en una etapa de tensión social e inestabilidad política. En otras palabras: la mayoría de colombianos está de acuerdo que el cambio de rumbo es necesario, pero sienten que Petro no puede liderarlo y reclaman una alternativa. Aparquemos por ahora la cuestión de cuál debería ser el piloto del cambio y volvamos a la nave del consenso. El anterior consenso se gestó en los 90. Lo político se materializó en la constitución del 91, y lo económico se inspiró en el célebre ‘Consenso de Washington’, un recetario de medidas que sacraliza el mercado y sataniza al Estado. Esto fue lo que se agotó. El desafío entonces es construir un consenso nuevo, y escoger a las mejores mujeres y a los mejores hombres para implementarlo. No es algo para hacer en cuatro años, se necesitarán al menos tres mandatos presidenciales y, sobre todo, un Congreso de la República comprometido con él, no dedicado al aprovechamiento inmoral e ilícito del poder. Todos debemos participar. Por eso he tomado la decisión de hacerlo, y creo que el renacimiento del Nuevo Liberalismo es una oportunidad valiosa, razón por la cual he decidido dar un paso al frente y apoyar su reorganización. Desde ese espacio me propongo poner mi grano de arena. Lo necesita Colombia.

GUILLERMO PÉREZ FLÓREZ.

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