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Un faro en la oscuridad

El 1 de abril de 1993 fallece atropellado por un bus en Ibagué un patriarca altamente apreciado: Rafael Toro González. Miembros de la Asociación Cultural Combeima me pidieron pronunciar una oración fúnebre en sus honras, un honor inmerecido para mí. Después de la misa fuimos al cementerio a acompañar a la familia a dejar los despojos mortales y al finalizar la ceremonia me crucé con Antonio Melo, director gerente de este diario, quien me pidió copia del texto y me preguntó si podía publicarlo, como en efecto lo hizo.
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Traigo a cuento esta historia porque significó para mí el inicio de un viaje estrechamente vinculado a esta casa editorial, que mañana cumple veintinueve años. Un viaje en el que me encontré con “el mejor oficio del mundo”, a decir de nuestro entrañable e inolvidable Gabriel García Márquez: el periodismo. Dicha cercanía, por espacio de más de 28 años e interrumpida solo unos meses por razones de índole laboral, me ha permitido ser testigo de excepción de lo que significa este diario y por eso mismo puedo dar fe de su espíritu democrático y de sus valores éticos. Ha sido un periódico liberal, en el más amplio sentido del término, abierto a diferentes líneas de pensamiento, de pareceres y de actividades. Y lo ha hecho con dignidad ejemplar, soportando amenazas, violencia física y moral, algunas veces acompañada de acciones judiciales o de bloqueo económico, para tratar de silenciar su voz.

Nadie sabe con la sed que otro bebe. Pero he podido ver cómo este periódico ha padecido las verdes y las maduras para cumplirle a la región, y al país porque con las tecnologías de hoy es leído en casi toda Colombia y muchas partes del mundo. Doquiera que haya un tolimense hay un lector de El Nuevo Día, que se ha convertido en una seña de identidad regional, en el portaestandarte de un pueblo respetuoso pero franco, que sabe decir verdades a la cara, por incómodas y dolorosas que resulten y sin condicionar su línea editorial a la consecución de pauta comercial. Desde mi trinchera he disparado dardos a muchas administraciones públicas, a políticos y funcionarios, y jamás he recibido la más sutil insinuación para que modifique mi criterio, y nunca me han ‘colgado’ un texto. Con total libertad he escrito crónicas, reseñas, artículos, editoriales, he realizado reportajes y entrevistas, recuerdo una serie que denominé, el alma de mi raza. Y desde hace año y medio, para combatir el confinamiento y contribuir a buscar soluciones a la honda crisis que atravesamos, abrí un programa de entrevistas que bauticé ‘Perezcopio’. De manera que aquí me hice, felizmente, periodista.

Arthur Miller, el célebre dramaturgo norteamericano, dijo alguna vez que “un buen periódico, es una nación hablando consigo misma”. En este diario el Tolima ha estado hablando consigo mismo, y necesitamos que lo siga haciendo por muchísimos años más. Gracias a todos sus directores, que han permitido que cada semana pueda conversar con conocidos y extraños; gracias a su Junta Directiva y a sus accionistas, y un reconocimiento especialísimo a su actual directora, a su jefa de redacción y a todos sus colaboradores, que hacen posible la existencia de un faro en la oscuridad, y que todos los días tengamos un Nuevo Día.

GUILLERMO PÉREZ

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