Ibagué no vibra

Guillermo Pérez Flórez

Hace seis meses, en marzo, un hombre con un plátano en mano fingiendo tener un arma de fuego, intentó asaltar una sucursal de una empresa de juegos y servicios en la avenida Ferrocarril en Ibagué.
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Fracasó. La rápida reacción de los vecinos y de la Policía frustró este macondiano asalto. Pero esta semana, pasamos del plátano en mano a una balacera en pleno centro de la ciudad, con asaltantes en motocicletas, a quienes habría auxiliado un taxista.

Los casos de ‘fleteo’ y robo en motocicleta se han vuelto frecuentes. Los medios de comunicación los documentan casi en tiempo real, es impresionante. Tal es el caso de otro atraco perpetrado recientemente, en la Avenida Ambalá con calle 25, a un comerciante que venía de Chaparral. Con solo ver el video queda uno turulato, por la forma violenta, fría e informada con que actúan los atracadores. ¿Cómo saben que alguien ha retirado de un banco grandes sumas de dinero? ¿Quiénes les informan? Evidentemente, estos robos en la calle y a plena luz de día no son perpetrados por delincuentes menores, sino por bandas organizadas que se mueven en motocicletas de alto cilindraje, con oportuna información, como el caso del chaparraluno comerciante de café, víctima tras retirar dinero en una sucursal bancaria dentro de un centro comercial. A este ciudadano le hicieron ‘inteligencia’ y seguramente ello podrá verse con los videos que deben tener las instalaciones comerciales.

Ahora bien, si por la zona céntrica llueve, por los barrios no escampa. La situación en las comunas es dramática. Por esto, los casos de ‘paloterapia’ han aumentado.  Las comunidades están tomando la decisión de defenderse con lo que tengan a mano. Capturan a los ladrones, los desnudan y les dan su paliza. En varios casos ha intervenido la ‘ola amarilla’, grupos de taxistas que se movilizan y acorralan al victimario. En febrero de este año, casi linchan a un ladrón callejero, a quien amarraron de pies y manos, el hombre suplicaba en el suelo por su vida. Esta es una práctica altamente peligrosa, que desvirtúa la noción misma del Estado de derecho. Algunas comunidades se lanzan a hacer hacer justicia por su propia mano. El panorama es complejo. Dichas conductas deberían estudiarse con detenimiento, para analizar por qué hay personas dispuestas a golpear a un ladronzuelo de barrio, que se roba un patilla, pero corren a hacerles venias a los corruptos que los gobiernan y que se roban miles de millones de pesos. En fin. Un alto porcentaje de la delincuencia en las comunas está compuesta por jóvenes que no tienen futuro. En el fondo también son víctimas.

La seguridad ciudadana está al garete. La Policía hace lo que puede, pero en la Alcaldía no hay quién la dirija, ni existe una estrategia de seguridad y convivencia ciudadana. Algunas personas se abstienen de salir a un parque a recrear sus niños, pasear el perro o a hacer ejercicio físico por temor a los maleantes. La ciudad no puede perder el principal atractivo que tiene, ser un buen vividero, en donde es grato salir a caminar, a disfrutar el agradable clima y el maravilloso paisaje floral. Mientras estas cosas suceden, el señor Alcalde juega a la política y reparte secretarías y contratos en función de sus intereses electorales, buscando crear su propio combo politiquero. Ibagué no vibra, tiembla de miedo por todo lo que está sucediendo.

 

GUILLERMO PÉREZ FLÓREZ

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