¿Coalición esperanzadora para el Tolima?

Para nadie es secreto, la gran “desesperanza” que vive el Departamento. Muchos dirán que, es un mal nacional, y que, la mayoría de los colombianos habita en un “marasmo”, al que nos ha llevado el propio sistema socio político del país.
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Una especie de desaliento generalizado, en el que la gente no admite nada, absolutamente nada, porque no se cree en nada, ni en nadie. Todos, van a hacer “de las suyas”. No se cree en la justicia, en los administradores, en los legisladores, en los ingenieros, en los alcaldes, en el gobernador, en los técnicos, en  los gerentes, en sus “jefes”, en las juntas, en los abogados, en los arquitectos. No se cree, ya, ni en algunos curas y mucho menos en los politiqueros (no confundir con los políticos). Al respecto, bien vale traer a colación lo que decía en Febrero del 66 el Maestro Darío Echandía: “La politiquería es una perversión, es una falsificación, es una prostitución de la política. La política fue inventada para que los hombres especialmente dotados de conocimientos, de habilidades y de aptitudes, tomaran sobre sí, la responsabilidad de dirigir los Estados. Sin embargo, lo que fue noble vocación, ha degenerado en un oficio vulgar de ganapanes”. Y, como si fuera poco, todos los días, los “medios”, alimentan ése desánimo con los escándalos en el sector público. Pesimismo que se ve fundamentado -para el caso nuestro del Tolima- en situaciones, verdaderamente absurdas. Aquí, no funciona nada, con criterios éticos. Todo el mundo ”calladito”, comiéndose las migajas que se reparten.

Pues bien, ésta semana tuvimos en Ibagué a Robledo, Cristo, Galán y Fajardo, de la “Coalición de la Esperanza”. Fue como una “bocanada” de aire fresco sobre el panorama tolimense. En las ruedas de prensa, en los conversatorios, en el almuerzo con líderes de la comunidad y en el picnic con jóvenes, en los jardines de la U. de Ibagué, “el hilo conductor”, fue el mismo: el tema anticorrupción, y la situación económica del Tolima. Sin populismo, sin odios, sin rencores, sin pretender acabar de un plumazo, con lo poco de nación que tenemos, los precandidatos presidenciales, no escatimaron esfuerzos en denunciar la grave situación por la que atraviesa nuestro Tolima. Fajardo, con su experiencia docente, nos indicó entre otros, de la importancia de insistir en el cambio del “el chip” mental para no cohonestar el clientelismo, como “puerta” que lleva a la corrupción,  Juan Fernando Cristo, recabó sobre la importancia de consolidar los procesos de Paz que llevaron a la desmovilizacíon de combatientes, Juan Manuel Galán insistió en la necesidad de modernizar los sistemas de productividad e ir pensando en temas como “la inteligencia artificial” y, Jorge Enrique Robledo, fue mucho más allá, vaticinando en unos años, un desplome del agro tolimense, con los temas del arroz y la ganadería, si no se llegan a renegociar los TLC (Tratados de Libre Comercio) que tiene suscritos Colombia, con varios países del orbe. Mejor dicho, ni arroz, ni leche de aquí. Nos inundarán con productos preferencialmente “gringos”. La meseta de Ibagué y las llanuras de Espinal, Guamo, Saldaña, Purificación y algunos otros municipios, “a pescar a otro charco”. Con estadísticas en mano, el ibaguereño candidato de DIGNIDAD, demostró que, ningún esfuerzo va a servir para mejorar las condiciones de vida de cientos de miles de personas, si no se acaba con esa corrupción galopante, como la que la vivimos en el Gran Tolima. ¿Habrá esperanza? Las próximas elecciones lo dirán. El tolimense, de “tonto y de bobo”, tiene más bien, poquito.

HUGO PATARROYO MURILLO

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