emergencia

 

Fabiola Sabogal de Meñaca

El inatajable paso de los años nos va imponiendo, de manera rutinaria y de forma casi imperceptible, la desaparición de aquellas personas con las que en cercano trato disfrutamos los momentos que nos brindó el discurrir de esta “tierra buena”, como alguna vez llamara a Ibagué el maestro Bonilla, y las vamos viendo caer, una a una en un interminable proceso, al igual que las hojas que se desprenden de los ocobos que ornan nuestra urbe.
PUBLICIDAD

Es la evidencia de la muerte que arriba, tal como ahora ocurre con la que se nos ha noticiado recientemente: la de Fabiola Sabogal de Meñaca, la cual nos sobrecogió tanto como debió ocurrirle a todos aquellos que la conocieron de cerca y grabaron su recuerdo, como el de una mujer afectuosa y buena, “buena en el mejor sentido de la palabra buena”, como alguna vez, calificando a alguien  de sus afectos, dijera el poeta.

Y es que los que conocimos a Fabiola, tenemos la certeza hoy, de que con su fallecimiento, debido a sus especiales calidades, desaparece una protagonista de primer orden del discurrir social de nuestra ciudad, mismo en el que se destacan la inteligencia, la honestidad y la pulcritud, cualidades, a las que ella adicionó con la generosa apertura de su espíritu y el afecto, para ver de auxiliar a los requeridos de un apoyo fraterno y solidario, a quienes siempre estuvo dispuesta a dispensárselos, como la católica practicante que siempre fue.

Difícil pensar que la evocadora abuela y serena y nostálgica bisabuela que nos deja, sea la misma que en esta tierra de la música, hace un tiempo, nos hizo la demostración de su valía social al participar con decidido y franco empeño en varios emprendimientos cívicos al lado de su esposo, y la connotada deportista que representara al Tolima con lujo de competencia en torneos nacionales de bolos en los cuales campeonó.

Fabiola fue, sin lugar a dudas, una tolimense de alma y corazón, aplicada y solidaria ciudadana en cuanto fungió al lado de su esposo, ese gran ciudadano Santiago Meñaca, su compañero de todas las horas (Q.E P.D.), como cabeza y guía de un grupo familiar comprometido, con su solar, su tiempo y sus gentes en todo aquello que por positivo necesitara realizarse en esta ciudad y este departamento.

Por ello es que ante el arrobamiento que nos produce la noticia de la muerte de esta gran mujer, les queremos hacer llegar las voces del entrañable amigo junto con la de mi esposa Luz Ángela, mis hijos y nietos, plenas de solidario afecto en tan dolorosa circunstancia a sus hijas Gladis, Constanza, María Clara, Marcela y Alba Lucía, a sus hijos, nietos y demás parientes, como clara expresión del sentimiento de pesar por su fallecimiento.

MANUEL JOSÉ ÁLVAREZ DIDYME-DÔME

Comentarios