“Ad portas” de otro año político

Cuando apenas si faltan unos cuantos días para el arribo de un nuevo año político, en los cuatro puntos cardinales de esta extensa y variada geografía patria ya no se habla de otra cosa que de las elecciones que se llevarán a cabo en los meses venideros del 2022: en marzo, (el domingo 13 de marzo), y en mayo, (el 29 de mayo), para elegir, en su orden, tanto al Congreso como al Presidente y Vicepresidente de la República.
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Y es que las aptitudes, méritos y deméritos de los aspirantes que abundan, son temas que han terminado por convertirse en la mejor cantera de los medios para extraer de allí sus noticias, algunos de los cuales, por lo demás, en su tarea, es poco lo que informan y si harto lo que confunden y despistan al potencial elector, como cuando difunden, sin “beneficio de inventario”, cifras y ejecutorias de irreales realizaciones o fracasados logros de los aspirantes, construyendo así “falsos positivos mediáticos”, con estadísticas y datos, maquillados con el único y fementido ánimo de darle sustento al afán eleccionario del candidato de su predilección o desvalorizar al contrario.

Todo ello acicateado por el generoso reparto desde los centros de poder, de la corruptora “mermelada”, o de dineros de delictual origen, con el protervo fin de fortalecer las pretensiones de los “mecenas” o las de aquellos que aspiran a conformar unas bancadas parlamentaria mayoritarias que los apoyen en el inmediato porvenir.

Manes del ingreso de dineros de variado origen en la vida institucional del país, que han ido infiltrándose con su carga de negativos efectos a las costumbres políticas y que en el futuro seguirán causando grave daño, si no se frenan.

Puesto que constituyen la causa eficiente de pasajes que cubren de oscuras sombras nuestra historia, como los protagonizados antaño por la primera reelección poco clara en nuestra vida republicana: la de Francisco de Paula Santander en 1832, y las sucedidas en la pasada centuria y que dieron lugar a la caída del partido liberal al facilitar en su momento los corruptos procederes del llamado “hijo del ejecutivo”, y más tarde del derrumbe de la dictadura del abuelo de los Moreno Díaz, que pretendió hacer uso de esa misma figura, promoviendo al efecto la convocatoria de una Asamblea Constituyente, así como del deterioro de la imagen de quien reformó de manera “non sancta” el “articulito” constitucional que la proscribía, desbalanceando con ella el indispensable equilibrio  de las Ramas del Poder Público y de la Junta del Banco de la República, debilitando además las entidades de control.

Porque no debe olvidarse que el camino del orden y la paz pasa, en primera instancia, por el sistema electoral, en cuanto éste, con su puridad y buena fe o a falta de esta le imprime o le resta fortaleza y credibilidad al régimen político que sustenta, dotándolo de confianza y diafanidad entre los ciudadanos, mermándole, en la misma medida, fuerza argumental a sus detractores.

MANUEL JOSÉ ÁLVAREZ DIDYME-DÔME

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