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Deportes Tolima: una derrota y una enseñanza

Como es bien sabido, la Semiótica, también conocida como Semiología –del griego “Semeion” que significa signo, o teoría de los signos, es la disciplina científica destinada a estudiar la significación, incluso de los actos humanos, y comprender cómo se articulan sus procesos, lo cual conduce hacia la teoría del conocimiento partiendo en este ámbito de la premisa que todo tiene un significado que debe ser comprendido en su verdadera dimensión para obtener una buena y eficaz inteligencia, ayudándonos de manera profunda a nuestra comunicación y a las interacciones que establecemos, así como algunos a comprender elementos de los contextos en donde nos desarrollamos.
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Que es de lo que hoy y ahora debiera estarnos ocupando: derivando el correcto significado de la derrota del Deportes Tolima el pasado miércoles ante un equipo de tanta tradición y pergaminos como el Deportivo Cali, con más de un siglo de existencia, como que fue fundado en el mes de noviembre de 1912, ubicado entre los mejores equipos del país, hoy dirigido por el otrora  futbolista, y comentarista venezolano Rafael Dudamel.

La derrota del equipo del terruño, con apenas si sesenta años de existencia durante los cuales ha conquistado también estrellas, competido y llevado los colores “vinotino y oro” del Tolima en justas internacionales y que hoy se coronó sub-campeón, con una nómina de lujo conformada casi en su totalidad por colombianos de gran talento que en la cancha muestran oficio, entendimiento y un buen trabajo colectivo, si bien con algunos foráneos, dirigidos por alguien, inteligente, estudioso y competente, a más de ganoso y decidido, Hernán Torres, un hombre sin vocación para arredrarse o vivir la derrota sin la lucha previa. Omar Albornoz, Daniel Cataño, Anderson Plata, Juan Ríos, Cristian Trujillo, Junior Hernández, Eduard Caicedo, Julián Quiñonez, William Cuesta y algunos más que se me escapan, que no obstante un marcador desfavorable de dos goles en contra que una suerte adversa les dispensó, dieron una lección en tierra propia de fe en su divisa y en sí mismos.

Una enseñanza de vida, de cómo las derrotas y las circunstancias contrarias pueden llegar a transformarse en buenos resultados. 

Eficaz lección de no olvidar para una comunidad que suele descreer en sí misma, en sus valores y logros y se deja llevar por el pesimismo y la desesperanza, siendo lo peor, que las más de las veces no escoge bien a sus líderes o directores, no se crece en la crisis como debiera y se conforma con la mediocridad.

Lo cual ratifica lo que los antiguos romanos ya sabían cuando organizaban los cortejos para conducir a sus competidores si tenían buen suceso, desde el campo de Marte hasta la ciudad engalanada, pasando por la calle del Triunfo hasta el Capitolio: que cuando se seleccionan las personas adecuadas, se las compromete con una causa justa y se las prepara con organización, disciplina y voluntad, como lo ha hecho en este caso el empresario Camargo, no importan el tamaño y la calidad del reto, ni la tradición del rival, para alcanzar el éxito.

MANUEL JOSÉ ALVAREZ DIDYME-

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