La educación pública en Colombia: un sector en crisis

Manuel José Álvarez Didyme

Es increíble pero cierto: en el hipotético caso de que este artículo fuese leído por 100 de nuestros bachilleres, solo 50 de ellos lo entenderían, no debido a una eventual complejidad que definitivamente no tiene, sino como consecuencia de la circunstancia reseñada por el diario Libération fundado en Francia en febrero de 1973 por el filósofo y profesor universitario Jean-Paul Sartre y hoy orientado por el empresario Édouard de Rothschild: que certificó como “...de cada 100 “bachilleres” que egresan de los planteles educativos públicos en Colombia, 50 apenas si saben leer y escribir...”, es decir que son analfabetos funcionales y presentan dificultad para la inteligencia de las matemáticas y las ciencias, al igual que para realizar la mayoría de las tareas cotidianas, lo cual impide su integración de manera efectiva a la sociedad.
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Y –como si tal cosa no fuera de por sí alarmante –a ello debe añadírsele que la educación que suministra el Estado en las distantes comunidades y el sector rural, es en verdad, más que deplorable, lo cual explica con eficiencia la desigualdad social y las diferencias en el ingreso existentes en el país, mayores a las del grueso de naciones del orbe, constituyendo una situación a la que hasta hoy proyecto de cambio del gobierno no ha pensado en procurarle eficaz alternativa de solución.

Una realidad que corroboran las vergonzosas puntuaciones obtenidas por nuestros bachilleres del sector público con solo revisar los resultados de la prueba “Pisa” (Programme for International Student Assessment) realizada por la Organización Internacional para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), con el fin de medir sus aptitudes, tanto en matemáticas como en lecto-escritura, ciencias y sobre todo en pensamiento creativo y cuyos resultados recién se conocieron, los cuales fueron inferiores

a la media de los países miembros de esa Organización, pues el 29 % de los alumnos evaluados a duras penas alcanzó el nivel 2 de competencia en matemáticas, es decir, que pueden interpretar y reconocer, sin instrucciones directas, cómo se puede representar matemáticamente una situación sencilla, una cifra significativamente inferior a la media del 69 % de los países de la OCDE, según el estudio; en tanto en lectura, un número cercano al 49 % de nuestros jóvenes casi no logró un nivel de 20% superior; igual a como sucedió en ciencias, en la que casi no arriban al nivel de 20% superior, cuando la media de la OCDE es del 74 %, ni que decir de la valoración del pensamiento creativo, temas que deberían estar preocupando tanto al magisterio como al Gobierno.

Demostrativo sin duda alguna de la exigua calidad de nuestro sistema educacional público en contraste con la educación privada, como por años lo han puesto en evidencia los resultados que nacionalmente han arrojado las pruebas “Saber”, al igual que los exámenes de ingreso a las varias universidades donde los realizan y valoran.

Panorama que se torna más sombrío, en tanto en cuanto FECODE rechaza la institucionalización de la evaluación de sus docentes que podría mejorar los estándares de calidad de la educación pública, igual a la actitud del alto gobierno en que por razones político-electoral y en una errónea solidaridad con la organización sindical de los maestros piensan que las solas cifras de cobertura bastan, lo cual evidencia que no saben o no quieren saber que con el panorama que hoy presenta el sector oficial, continuará distante la posibilidad de incorporar a quienes de él egresan al desenvolvimiento económico, puesto que con ello, -no obstante el grueso porciento de la población cubierta-, no se llegará jamás a obtener un recurso humano competente para entrar a hacer parte esencial del proceso productivo del país.

Negligente y torpe actuar que trata de ceñirse a los fallidos libretos de Venezuela y Cuba, cuando bastaría mirar los aciertos logrados en otras latitudes, esos sí con probado éxito y con similares realidades a la nuestra, como Corea, Costa Rica, Holanda, Finlandia o “el proyecto de educación modular suizo”, exitoso este último en la formación profesional en casi todos los oficios y en la formación en general con miras a convertir el aprendizaje y el cambio comportamental en estrategias de supervivencia de la sociedad, extendidos prácticamente a todos los campos del saber, haciendo eficaz y efectiva la formación

continuada, generando “competencias y actitudes” que se puedan convertir en prestaciones económicas y sociales para el que las adquiera y que le aporten ventajas concretas para su bienestar y prosperidad al conjunto todo de la sociedad. 

Manuel José Álvarez Didyme-dôme

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