Carta abierta a nuestros legisladores

Señores integrantes del Congreso de la República: cuando los que formamos el “pueblo soberano”, en el que, según nuestra Carta, reside exclusivamente la soberanía, y del cual emana el poder (Art 2) los elegimos como nuestros representantes y les confiamos la potestad de establecer nuestras leyes, encomendamos a su inteligencia y a su sabiduría la tarea de tutelar nuestros derechos y de regular nuestros deberes ciudadanos. Debo suponer que son ustedes conscientes de la inmensa responsabilidad que gravita sobre cada uno y sobre todos en conjunto; y de que deberán, llegado el momento inexorable, dar cuenta no solo a la historia, a Colombia, sino también a Dios, fuente última y suprema de toda autoridad, de lo que hayan hecho o dejado de hacer. 

Reglamentan… el asesinato

“Reglamentan, por fin, la eutanasia” : éste era uno de los titulares del noticiero de Caracol en días pasados. Con tal información, se daba a conocer que el Ministerio de Salud había dictado la Resolución N° 971, en la cual se establecen condiciones para que los médicos y las instituciones de salud practiquen legal y obligatoriamente el homicidio, poniendo fin a la vida de alguien que padece enfermedad grave y pide que se ponga fin a su sufrimiento.

Un barco al garete….

Si el gobernalle no tiene sobre sí una mano firme, y si soplan vientos huracanados y se encrespa el oleaje, terminará el navío naufragando, o escollará volviéndose añicos. Solo el saber y el comprobar que quien lleva el mando no ha perdido la brújula y gobierna con mano firme y serena, brinda seguridad y mantiene la esperanza de llegar a buen puerto, pese a tempestades.

¡Ah, las incoherencias¡

El pasado 30 de marzo, martes santo, el editorial de El Tiempo tenía este título: Cuidar a los niños. Giraba el comentario del periódico en torno al caso de la niña Sara Sofía Galván, que, con todos sus detalles escabrosos y la intrincada maraña de contradicciones y de detalles de escalofrío ha mantenido ya por semanas en vilo a la sociedad colombiana; y abogaba por que ese caso se convirtiera en el “símbolo que despierte conciencia sobre los atropellos que sufren los niños en nuestro país”. Casi al terminar, y tras haber ilustrado el tema con estadísticas aterradoras, el editorialista consignaba esta especie de compromiso : “…esta sociedad, las autoridades, los medios, claro está, tenemos la obligación moral, humana y constitucional de cuidar bien a los niños, de protegerlos de manos criminales”

¿Muerte digna?... ¡No, homicidio!

“Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo a su término. Nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente” (Pío XII, discurso a la Unión médico-biológica San Lucas, nov. 12 de 1944)

¡Se es… o no¡

“No todo el que me dice: Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad del Padre” (Mth., 7,21) “Verbum laudatur si factum sequatur” (Es aceptable lo que se dice, si los hechos lo respaldan).

Desconcierto...

Avanza el tiempo, va raudo hacia su final este año, que desde la aparición de la pandemia viral ha sido totalmente anómalo, nos ha condicionado en todo, nos ha puesto en la necesidad de reducir enormemente nuestras actividades, nos ha obligado a replantear el orden de prioridades, nos ha brindado espléndida oportunidad de consagrar más tiempo a la lectura, a la reflexión; a quienes ya peinamos muchas canas nos ha hecho, como escribí hace meses, tascar el freno, al aceptar que se coartaran, en aras de “protegernos”, muchas de nuestras opciones y libertades.

¡Qué oso!

La sala laboral del Tribunal Superior de Cali acaba de sentenciar, aceptando la acción de tutela interpuesta por el abogado Víctor Aucenón LIberato, que el señor presidente de la República, Iván Duque, tiene que retirar un trino suyo del pasado nueve de julio, y que reza así: “Respetando las libertades religiosas de nuestro país, y en clara expresión de mi fe, hoy celebramos los 101 años del reconocimiento a la Virgen de Chiquinquirá como patrona de Colombia. Todos los días, en profunda oración le doy gracias y le pido por nuestro país”.

Tascando el freno… ¿Abuso de autoridad?...

Las dos expresiones que encabezan esta divagación, me rondan insistentemente desde hace días; especialmente en estos últimos, después de que el gobierno de Colombia decidió prolongar el ya largo castigo que nos ha infligido a quienes cometimos el delito de cumplir más de setenta años… Y con el sentido de esas dos expresiones, me rondan también convicciones, doctrina y principios acerca de los derechos cuyo ejercicio nadie debería coartar, y de los límites que tienen en su acción quienes detentan la autoridad.

¿Una nueva iglesia? ¡No!- Cordial glosa al Dr. John Marulanda

En dos periódicos virtuales que suelo leer diariamente, (La Linterna Azul y la portada - periódico Debate) encontré ayer un comentario, agudo y enjundioso como todos los suyos, del doctor John Marulanda. “La Iglesia: entre pandemia y tecnología”, su título.