El Congreso que necesitamos

Las últimas encuestas indican que en las próximas elecciones serán aún muchos más los miles de nuevos colombianos que, al invitárseles a votar por candidatos comprometidos con el pueblo, contesten que sí, que votar por ellos ya no es botar el voto y que con ellos sí se puede ganar.
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Esa nueva actitud es consecuencia, además del mal gobierno, del remezón producido por los ocho millones de votos alcanzados por Gustavo Petro en las pasadas elecciones presidenciales, los cuales crearon la convicción de que votar por una alternativa inspirada en cambios de avanzada, contrario a botar el voto, es el camino acertado para dar, por fin, con las soluciones que tan fallidamente se han esperado de los candidatos de las oligarquías.

Sin embargo, ese ambiente positivo hay que capitalizarlo con trabajo duro y esclarecedor, orientado a aprovechar lo favorable, desvirtuar lo engañoso y superar lo adverso, lo cual implica también abrir los ojos ante lo que puede ocurrir con las iniciativas de un gobierno de avanzada, si este no cuenta con un Congreso mayoritariamente afín a sus programas.

De allí que sea indispensable persuadir a los electores sobre la necesidad de esas mayorías congresuales, lo cual impone un cambio de actitud entre los partidos, movimientos y organizaciones sociales afines al nuevo gobierno. La que tradicionalmente han asumido es la de reconocer públicamente que, actuando por separado, “perdemos”, pero pensando para sus adentros que si nos unimos… “gano”.

Ese desear la unidad de todos, pero en torno a mí, ha sido la causa de los sinsabores y precarios resultados obtenidos en cuanta justa electoral ha habido. En esa forma de desear la unidad no hay grandeza; hay mezquindad. No hay altruismo; hay egoísmo. No hay compromiso en que prevalezcan los intereses generales sobre los particulares ni hay evidencia de que se esté en el camino de construir ese hombre nuevo del que hablaba el Che y del cual él mismo fue consumado ejemplo.

Qué bueno fuera que, en lugar de las ruinosas pujas por las candidaturas, nuestros líderes alternativos se dieran a la tarea de localizar en el notablato tolimense a tres eminentes hombres y tres eminentes mujeres de reconocidas posiciones democráticas y progresistas; que estén del lado de la paz y los humildes; que consideren necesario que el país dé el salto hacia verdaderas transformaciones sociales a favor del pueblo, y que, aceptando jugárselas como candidatos a la Cámara, se comprometan, en caso de ser elegidos, a actuar en bancada en torno a los programas por un nuevo país.

Por un ramillete de personalidades así, los tolimenses se volcarían a las urnas en las próximas elecciones.

RODRIGO LÓPEZ OVIEDO

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