Acuerdos con reversa

Permítanme utilizar el término “entrampamiento”, que se puso de moda con motivo del incidente que llevó a Santrich de regreso a las armas, para referirme al trato de que está siendo objeto el Comando Nacional de Paro, al cual el Gobierno Nacional induce a firmar acuerdos para luego desconocerlos.
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Un ejemplo de lo anterior se dio con motivo de la moción de censura adelantada por la oposición contra el Ministro de Defensa. En tal ocasión, y antes de que el Congreso la votara, el gobierno había accedido a una serie de compromisos relacionados con garantías a la protesta, pero solo fue saber que la votación favoreció al ministro para que el presidente los desconociera.

Igual suerte parece que correrán los que suscribió el ministro de Puertos y Transporte con los camioneros. Con tal sector, dicho funcionario convino aspectos relacionados con la ubicación y tarifas de peajes, pero ya Vargas Lleras le advirtió a Duque que ello “compromete la política nacional de concesiones viales”, lo cual no es otra cosa que el reconocimiento de que para el gobierno deben ser más importantes los concesionarios, Sarmiento Angulo entre otros, que la suerte de los acuerdos suscritos con el constituyente primario.

Bajo estas condiciones, no es exagerado decir que el incumplimiento se ha convertido en política de Estado, y esto debe hacernos pensar en la necesidad de atar de tal manera los acuerdos a que dé lugar el paro actual para que no se constituyan en nuevo objeto de burla.

No sabemos cuáles puedan ser esas ataduras, pero estamos seguros de que, entre las que resulten, la más importante será la de preservar la presente combatividad más allá del paro, hasta que podamos establecer un gobierno de nuevo tipo; un gobierno que reconozca en el constituyente primario el poder supremo de la nación y esté dispuesto a honrar sus compromisos como lo hacían los viejos, para quienes la palabra era ley.

Todo lo que necesitará hacer ese nuevo gobierno para darle cabal cumplimiento al pliego que aún el actual se niega a discutir, al igual que a cuantos acuerdos más se han suscrito y burlado hasta el presente, es democratizar la conducción del país y definir orientaciones económicas, sociales y políticas tales que hagan innecesaria la realización de jornadas tan traumáticas para todos como las que conmueven hoy al país.

Se requerirán, por supuesto, muchos otros cambios para poder garantizar la felicidad que nuestro pueblo anhela; pero para concretarlos es indispensable transformar la presente agitación reivindicativa en agitación política y orientarla a la elección de ese nuevo gobierno, para cuya presidencia funge Gustavo Petro como el candidato con mayor opción.

RODRIGO LÓPEZ OVIEDO

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