Compromiso con la ciudad

No sé qué pasa con nosotros. Pareciera que la indiferencia fuera la característica de nuestro comportamiento, sobre en cuanto atañe al conocimiento del lugar en que vivimos, frente al cual no nos mueve el más mínimo interés así se despotrique de él o se le supriman partes vitales de su unidad como conglomerado humano e histórico.

Lo digo porque no he sentido que se haya suscitado recientemente ninguna polémica sobre la fundación de Ibagué, en especial porque un libro contiene la hipótesis de otro lugar para tan importante acontecimiento histórico.

¿Cómo es posible que cuatrocientos sesenta y dos años después alguien venga a decirnos que así no fue la historia y todos nos quedemos tan campantes, sin deseos de discutir o, al menos, de indagar la verdad de tan sorpresiva afirmación?

Y, además, escrita por un autor que no es historiador profesional sino aficionado, formado en disciplinas distintas que, aunque artísticas, no constituyen un aval para semejante propósito histórico.

Pero así ha sucedido. Floriberto Cardona Cedano, fotógrafo, especializado en medios audiovisuales, cuya obra más reconocida es su documental “Chichah Kopah” sobre el uso de la chicha en las comunidades del valle del Magdalena, amén de cientos de fotografías sobre la ciudad y sus personajes, se dio a la tarea de investigar sobre la fundación de Ibagué por un motivo que le dio el azar, precisamente cuando leía la documentación para su trabajo audiovisual.

Fue así como descubrió diferencias en las versiones que los cronistas de Indias consignaron de dicho acontecimiento y, dado su espíritu investigador y creativo, le siguió el hilo a las coordenadas que utilizan esos testigos españoles de la historia.

Así que Fray Pedro de Aguado y Lucas Fernández de Piedrahíta tienen en sus crónicas diferencias sobre la fundación de la ciudad, especialmente el sitio donde se sucedió la primera vez, antes de ser trasladada al sitio que hoy ocupa para convertirse en “el mejor vividero del mundo”.

La versión de esa historia que conocemos y se nos ha enseñado es la de Lucas Fernández de Piedrahíta mientras que la de Aguado simplemente se dejó lado.


Y fíjense ustedes que este fotógrafo, después de comprobar en todas las formas posibles en las fuentes históricas que nos acercan a la verdad, publica su libro “La ciudad de Ibagué, la otra versión de su fundación”, que ojalá todos leyéramos y discutiéramos, sobre todo ahora que se acerca la fecha de la conmemoración de la fundación de nuestra querida ciudad.


Ojalá la Academia de Historia del Tolima organizara un foro y el libro de Floriberto se leyera en colegios y universidades porque el resultado no debería ser otro que un mayor afecto por nuestro entorno y un compromiso definitivo con su desarrollo.

BENHUR SÁNCHEZ SUÁREZ

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