Maruja, la reina

Un reconocimiento justo ha sido el que se le ha tributado a Maruja Vieira con la adjudicación del premio “Vida y Obra” 2012, del Ministerio de Cultura.

Aunque, en verdad, no ha sido el Ministerio sino su propia obra la que le ha permitido acceder a él, pues siempre ha estado entre las escritoras y poetas más influyentes de la cultura colombiana y, por tanto, la institución sólo ha certificado, por decirlo de algún modo, esa importancia.

Nació en Manizales en 1922, y cuando tenía 10 años se trasladó con su familia a Bogotá. A partir de entonces, nos entregó una vida dedicada a la poesía, a la crítica y al periodismo cultural, magisterio que la llevara a vivir en Caracas por un tiempo y a recorrer el país, dedicada a la labor cultural. 

En 1991 ingresa como Miembro Correspondiente de la Academia Colombiana de la Lengua y en 1996 es elegida Miembro de Número de la misma institución.

Siempre me ha impresionado la dulzura con que trata a las personas, sean de la condición que sean, su calidez humana, la misma con la que lee sus poemas en público y se comunica con sus contemporáneos. 

Su poesía se detiene en el paisaje, en la familia, en los valores humanos más preciados y en ella fluye la esperanza y la nostalgia, la dulzura y la reciedumbre de su sangre caldense.

Bástenos recordar, para corroborarlo, algunos versos de sus poemas en sus primeros libros, como: “Las horas vuelven otra vez, iguales. / Todavía hay caminos con rosales y pájaros / y los viejos martillos clavan maderas nuevas. / La muerte en nuestra casa cumplió su fiel palabra. / Todo fue tan sencillo como el partir de un barco.” (Los poemas de enero, Editorial Iqueima, Bogotá, 1951) 

O estos donde con gran sencillez nos deja imágenes perdurables: “Por ti tengo este libro entre las manos, / como quien abre el arca de la infancia / y entre muñecas rotas y retratos /  encuentra algo buscado inútilmente.” (Palabras de la ausencia, Editorial Zapata, Manizales, 1953)

En uno de sus libros más recientes, encontramos esta nostalgia de un tiempo ya ido con su padre: “Salíamos de noche, la pequeñita sombra / de mi cuerpo de niña junto a su sombra grande. / Él hablaba un idioma de recuerdos y ausencias / y me enseñaba nombres, banderas y ciudades.”  (Tiempo de la memoria, Caza de libros, Ibagué, 2010)

Quien lea con detenimiento la poesía de Maruja Vieira, verá cuánta altura adquiere el lenguaje en sus poemas y qué profundidad se aquilata en cada estrofa. 

En realidad, Maruja siempre ha sido una reina en la literatura colombiana. Nuestro mejor homenaje será leerla y disfrutarla.

BENHUR SÁNCHEZ SUÁREZ

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