Sigifredo vence a un nuevo dragón

Una leyenda germana cuenta las peripecias de un joven cazador que fue capaz de darle muerte a un dragón y adueñarse de los tesoros de los Nibelungos.

Sigfrido, que así se llamaba el valiente burgundio, se casa con la reina Krimilda y después de varios líos  es asesinado por el traidor Hagen, quien a su vez muere a manos de Krimilda, quien desata una verdadera carnicería para vengar la muerte de su esposo. Esta historia hace parte de la epopeya de los alemanes y constituye uno de sus primeros textos literarios. Curiosamente, cientos de años después de ser publicada, la tragedia se repite en otro escenario y con personajes menos  grandilocuentes. Doce diputados del Valle del Cauca son secuestrados por las FARC el 11 de abril del 2002, entre ellos Sigifredo López.

El Sigfrido de la leyenda logra invulnerabilidad gracias a que se embadurna con la sangre del dragón, excepto una pequeña parte de su espalda que es protegida por una hoja de tilo. Su enemigo, conocedor del punto débil actúa y por allí se le escapa la vida. El Sigifredo de la historia reciente de Colombia no tiene más protección que su convicción política y es por ella  que se le escapa la libertad. Contra toda lógica, es acusado de complicidad con sus captores, en un hecho sin precedentes en la historia judicial del país. El 16 de mayo es hecho prisionero  ante la perplejidad de la opinión pública y la sensación de duda y ambigüedad que alimentaron los medios.


Sigifredo López combate tenazmente para que crean en su inocencia, pero sus enemigos se prodigan con testigos falsos que aseguran haberlo visto organizando el autosecuestro. Las pruebas hacen parte de un montaje casi perfecto que, en ocasiones nos puso a dudar sobre la autenticidad de las declaraciones del implicado. Su nariz y su voz se convierten en  objetos de profundos estudios para cotejarlos e interviene hasta el FBI en busca de la verdad. El fiscal 38, pese a los resultados negativos insiste en la culpabilidad del ex diputado  y arma nuevos escenarios con testigos  que insisten en aportar pruebas para la condena de López, como si le estuvieran cobrando el haberse salvado de la masacre de sus compañeros.


En vida Sigfrido esgrimía su espada Bulmunga que lo hacía indestronable, mientras que Sigifredo López siempre ha empuñado su inocencia como el arma más contundente. La tragedia parece que ha concluido con la determinación de un fiscal de darle  la libertad, porque “los testigos carecen de legitimidad”. Se cayó el siniestro montaje, esta vez otro dragón, el de la injusticia, cayó de nuevo y su sangre cobijará por siempre a otro inocente.

LIBARDO VARGAS CELEMIN Profesor Asociado UT

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