La ibaguereña que vive en una casa rodante y ha conocido 51 países ¡Inspirador!

Crédito: Instagram / El Nuevo Día.Alejandra en dos de sus viajes.
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Alejandra Ramírez nació en la capital del Tolima, pero desde los 17 años dejó el país para conocer el mundo y ser nómada digital.
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Viajar por todo el mundo, conocer culturas diferentes y aprender nuevos idiomas es el sueño de muchos, pero sin duda, es algo que pocos han logrado. Trabajo, esfuerzo y dedicación son solo el inicio para poder tener una vida de aventuras y libertad.

Sin embargo, Alejandra Ramírez lo logró. Esta ibaguereña de 31 años es el claro ejemplo de mujer polifacética, emprendedora y soñadora, que se mudó al otro lado del mundo, se enamoró de los viajes y decidió quedarse, para iniciar con su propia aventura.

El camino ha estado lleno de obstáculos, arduo trabajo e incluso, momentos cercanos a la muerte, pero esta tolimense no se rindió en su objetivo de obtener la residencia australiana y luego convertirse en nómada digital.

Actualmente pasa sus días viviendo en una casa rodante mientas recorre los estados de Australia, país donde se radicó, estudió, fundó su propia empresa y desde el cual planea sus viajes como mochilera que la han llevado desde Europa hasta Asia. También comparte sus experiencias en su blog.

 

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Sus inicios en Ibagué

Alejandra nació en la capital del Tolima el 17 de agosto de 1990. “Vengo de una familia increíble, super unida, mi familia entera es de Ibagué. Mis abuelos son una mezcla entre paisa y de Bogotá. Mis papás de Ibagué, toda la vida, mi mamá es veterinaria y mi papá es ingeniero agrónomo”, contó Alejandra, con un tono nostálgico en su voz al recordar a las personas que siempre la han apoyado y que desde hace mucho tiempo no ve.

Desde Nueva Zelanda, la nómada ibaguereña habló con El Nuevo Día sobre su vida y aventuras recorriendo el mundo, dejando el mensaje claro de que cualquier persona lo puede lograr siempre y cuando no se rindan.

Su infancia estuvo marcada por idas a la escuela, amigos y el calor de hogar. Vivió en el conjunto Pueblo Nuevo en el centro de Ibagué, luego Terrazas del Campestre y finalmente en Hacienda Las Victorias.

“Estudié en Marañacos cuando era chiquitica y en el Champagnat. Me gradué en el 2007 y cuando me gradué vino la pregunta de qué quería hacer. Mi idea era irme para Medellín porque allá estaba mi hermana, quería estudiar diseño, ese era el plan inicial. Pero en esas vacaciones mi papá me dijo ‘bueno, por qué no te vas a aprender otro idioma por seis meses, yo puedo ayudarte con esa parte y ya vemos qué podemos hacer’”.

 

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Pero aquellos seis meses de planes iniciales se convirtieron en el deseo ferviente de radicarse como residente de Australia, país al que llegó para aprender inglés. “No, yo de aquí no me voy, me encanta Australia, aquí me quedo. Siento que es un país con muchas oportunidades, no hay diferencias de clases sociales y me gustó el hecho de que en Australia era Alejandra, y la gente te quiere por lo que eres y no por lo que tienes”, relató.

Ese fue el momento en el que el Tolima quedó atrás, y la ibaguereña se enfrentó a un mundo de posibilidades completamente sola, al otro lado del mundo, pero con el apoyo de su familia en cada paso. Desde luego, no olvida sus raíces y aunque es vegetariana, recuerda con cariño la lechona y el tamal.

“Cuando voy a Colombia es cuando más frágil me pongo con mi vegetariano. Pero recuerdo mucho la avena fría de Venadillo y la morcilla, era algo que me gustaba mucho de mi infancia; y el buñuelo gigante que es del tamaño de una mano”, recordó con cariño.

 

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Iniciar desde cero al otro lado del mundo

Luego de aprender inglés teniendo 17 años, Alejandra decidió quedarse a vivir en Australia para siempre. Su principal motivación fue la oportunidad de ser ella misma, sin tener una etiqueta social y poder crecer en un entorno en el que todos son iguales.

Su familia la apoyó con recursos económicos para pagar su educación con visa de estudiante, en miras a obtener la residencia, la cual podía lograr si trabajaba un año desempeñándose en la carrera que estudiara. Eligió diseño gráfico, pero tuvo que sacar fuerzas y ánimos para trabajar al mismo tiempo y solventar sus gastos de renta, comida, etc.

“Mi papá me ayudó con la parte económica de la Universidad y yo empecé a trabajar como mesera en un restaurante para cubrir mis gastos porque este es un país muy costoso. Mis primeros cuatro años trabajé como mesera y como cleaner, limpiando casas y centros comerciales. Hasta que me gradué de la universidad”.

 

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Siguiendo con su objetivo de obtener la residencia, aplicó para obtenerla y, mientras realizaba voluntariado en un orfanato de África, le llegó la noticia de que debía trabajar por un año para poder obtenerla. Fue así como estuvo 10 meses siendo diseñadora en una empresa de Melbourne, hasta que un obstáculo inmenso se interpuso en su meta: la expulsaron del país.

“Me echaron como un perro. Mi familia me dijo que me regresara para Colombia pero yo no me iba a rendir por la primera piedra del camino”.

Decidida a seguir, se fue a vivir a Hong Kong, China, donde llegó y fue retenida por ocho horas en el aeropuerto “porque pensaron que era una prostituta”, debido a la presencia de redes de trata de blancas en donde el principal producto son colombianas. Una vez superado, vivió en un hostal hasta que pudo aplicar por la visa australiana una vez más.

Regresó a Australia nuevamente a iniciar con su sueño de obtener la residencia, con visa de estudiante. “Lo que hice fue tomar todo el dinero que tenía en un curso de marketing para regresar. Entré en contacto con mis profesores de la Universidad y me ofrecieron un trabajo como profesora, cuatro materias de diseño gráfico para dar. Pero ¿cómo iba a hacer para quedarme en Australia?”.

Alejandra buscó cada alternativa para poderse quedar definitivamente en este país y la encontró. “Mi solución fue crear mi propia empresa y autopatrocinarme. Trabajé en esa empresa por tres años, al mismo tiempo de profesora. A los 3 años obtuve mi residencia después de haber empleado a varios australianos”.

La ibaguereña hizo su maestría cuyo producto es el libro ‘Viajeros con propósito’, y le fue tan bien que obtuvo una beca para doctorado.

 

Vivir en una casa rodante

El tema de su doctorado es una investigación sobre los nómadas digitales, y para estudiar este estilo de vida, decidió convertirse en una. “Los nómadas son un grupo de personas o individuales que están en constante movimiento y sobreviven con lo que tienen. Hoy en día los nómadas digitales somos los viajeros que podemos trabajar en cualquier parte del mundo y solo dependemos de un computador e internet”, algo que estalló en pandemia y permitió a muchos trabajar desde casa. Puede leer las experiencias escritas por ella aquí.

Alejandra tenía 35 mil dólares ahorrados de años de trabajo, los cuales invirtió en la construcción de su casa rodante para viajar por todo el país. Ha visitado cuatro de los cinco estados de Australia en la van, al tiempo que trabaja como diseñadora, docente, fotógrafa, vendiendo su libro, vendiendo su curso de finanzas y manejando su empresa, como una nómada digital.

Entre las ventajas de vivir en una casa rodante Alejandra resaltó la libertad de estar en cualquier lado, ser “dueño de tu propio tiempo, ser tu propio jefe”. Algo que al mismo tiempo es difícil de controlar y ahí se une a las desventajas de la vida de nómada en casa rodante.

“Eres un poco esclavo del internet y de tener electricidad. Lo más difícil es tener la disciplina y la dedicación de trabajar en sitios mágicos, como cuando llegas a una playa y quieres estar allá, pero en realidad tienes que trabajar. No somos ricos, seguimos trabajando pero en la locación que queramos”.

Así mismo, en los 14 años que lleva viviendo en Australia, ha mochileado el mundo recorriendo Latinoamérica, Asia, Europa y África, con un total de 51 países que ha visitado. “Mi viaje como nómada inició a los 17 años cuando salí de casa al otro lado del mundo. Viajar se convirtió en una adicción muy grande, es como mi sangre, lo necesito para vivir”.

 

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Lo que más extraña del Tolima

La vida de Alejandra no ha sido fácil, cada día enfrenta una realidad diferente a bordo de la casa rodante en la que, si bien ha conocido muchos lugares, representa también muchas dificultades como la seguridad, gasolina, agua, comida, al tiempo que balancea sus trabajos, los que ha conseguido y construido con mucha dedicación.

En este ir y venir de aventuras, no olvida sus raíces y recuerda con cariño el Tolima. Lo que más extraña:

“La comida y la familia. Hay algo que amo del Tolima y es la naturaleza, me encanta caminar y escalar. Fui al Nevado del Tolima y coroné cumbre hace unos años. Me gusta mucho ese plan de caminar, ver la naturaleza. Me encanta ir a Juntas que también es una delicia, a Prado, es lo que más extraño: la naturaleza, la aventura. La comida también pero ahora soy vegetariana y no puedo. Y la familia, es lo que más hace falta”, finalizó.

Alejandra continúa en sus aventuras, ahora desde Nueva Zelanda, pero siempre con Ibagué y su familia en el corazón, acompañándola en cada paso.

 

Vea la siguiente parte de esta historia en: ¿Cómo es vivir en una casa rodante? Así luce el hogar de una ibaguereña sobre ruedas

Valentina Silvestre M.

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