Enseñanza remota - aprendizaje incierto

Crédito: SUMINISTRADA - EL NUEVO DÍA
La sociedad recorre tiempos difíciles en los que la adversidad impone desafíos a todo nivel, a los que se debe responder con recursividad, resiliencia, pero sobre todo con innovación. La humanidad ha estado enfrentada a sucesos históricos que hacen que se renueve la visión y se fortalezca la capacidad de adaptación y cambio. Indudablemente el hombre, necesita de momentos difíciles que lo lleven al extremo para graduar su camino. Uno de los grandes desafíos a los que se enfrentan los individuos hoy es la transformación de los procesos de enseñanza y aprendizaje.
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Los mecanismos de cómo se aprende y cómo se enseña se están viendo enfrentados ante escenarios de confinamientos en los que se ha alejado a estudiantes y docentes del salón de clase, hábitat natural de la formación académica desde hace cientos, inclusive miles de años. Hoy frases como el trabajo autónomo, la enseñanza virtual y las clases remotas, están en el día a día y hacen alusión a los procesos educativos mediados por la tecnologías de las telecomunicaciones y la informática, y que se han visto, no como resultado de un cambio natural sino como respuesta a una necesidad forzada que ha impuesto los estados para cuidar del bienestar de sus habitantes ante la proliferación de un agente pandémico.

 

Se menciona en diferentes medios que los maestros son considerados héroes, siempre lo han sido, son aquellos individuos anónimos, que cumplen una función fundamental y primordial en los procesos formativos que impulsan el desarrollo social, pero aun así siguen siendo subvalorados. Algo cierto es que la educación no puede cambiar a la fuerza, y eso se aprecia en las dinámicas de enseñanza de los últimos meses, que dejan ver que la educación mantiene su esquema general, solo se ve diferente, como el efecto que hace el maquillaje en una persona. La belleza radica en la naturalidad, en el espíritu y no en las esencias y tónicos que se aplica, así se ve la educación hoy; ha cambiado sutilmente de aspecto, y como sucede con las personas, no a todos les sienta bien el mismo maquillaje y a veces así como genera admiración, también puede generar repulsión. Se ven procesos de enseñanza aprendizaje sincrónicos en los que la tecnología y las telecomunicaciones son un maquillaje que impacta, y que hace que las miradas se enfoquen a ellas, pero en muchos casos no se alinean con las dinámicas de enseñanza, y menos con las de aprendizaje.

La formación de nuestros hij@s no radica en los encuentros sincrónicos, ni tampoco en las herramientas virtuales o de simulación en línea, ni en el uso de plataformas, sino en lo que transmite el docente, en el conocimiento, las experiencias, los procesos indagatorios. Dónde están los maestros que usan la oratoria y el discurso como un medio para llevar al estudiante a mundos fantásticos, naturales, y en los que se reencuentran con el placer de aprender?. No quiero decir que con el uso de la tecnología se pierde ese encanto, para nada, se puede inclusive llevar a una dimensión de experiencia mucho más alta, pero ese uso está oculto para la gran mayoría de los docentes, e instituciones, y esto debido a un vacío en la formación profesional en el uso de herramientas de enseñanza mediadas por la tecnología, en el diseño e implementación de currículos de enseñanza virtual y directrices que lleven a una verdadera transformación de la educación; existen algunos intentos, buenos intentos de avanzar en el camino de la innovación educativa, pero aun así no se ven esos cambios profundos tan anhelados que alejen las rutinarias clases que no terminan por despertar el interés de los estudiantes, solo se ha cambiado el canal de comunicación de los contenidos pero se sigue con los mismos procesos, la misma evaluación, los mismos objetivos y más aún parece que se arraiga más al cumplimiento de objetivos particulares y el logro de competencias que llevan siendo nombradas desde hace ya varios años, pero que difícilmente se alcanzan.

Se sigue con un esquema competitivo en el que las instituciones se valen de la oportunidad por lograr índices que radicalizan más la educación como un negocio. Instituciones que poseen los recursos para orientar la educación remota (y en algunos casos escasamente virtual) aprovechan el cuarto de hora y se posicionan y desplazan las arraigadas en la tradición de tiza y tablero. Ahora nos encontramos con altos índices de aprobación, con calificaciones sobresalientes, pero ¿hasta qué punto estos resultados reflejan lo que el estudiante está apropiando verdaderamente?. Los nuevos esquemas que llaman innovadores se basan en acoplar los procesos de enseñanza-aprendizaje tradicionales a través de lo remoto, pero más que traer beneficios, esta remoto afianzando las actitudes de facilísimo, deshonestidad y desinterés que acechan a la juventud, que eran aspectos preocupantes durante la presencialidad y avanzan ahora con paso firme al otro lado de la pantalla, consolidando la mediocridad Académica que reducen la educación al entendimiento de temáticas exclusivas para desarrollar tareas puntuales que impone la sociedad industrializada y de consumo, y alejan el conocimiento global que permite comprender el entorno, la historia, de dónde venimos y hacia dónde vamos, el entendimiento de los conflictos sociales y los problemas que suman hoy a la humanidad y que urgen de ser solucionados .

Las instituciones educativas preparan de nuevo el retorno a las aulas, y llega la hora de evaluar los procesos educativos llevados a través de la distancia, llega la hora de afrontar la realidad de lo aprendido e identificar los vacíos que ha dejado el confinamiento. Todo lo desarrollado en estos meses de distanciamiento, trabajo autónomo, virtualidad, enseñanza remota debió haber dado la experiencia y madurez para dar un paso más hacia los cambios que lleven al mejoramiento de los procesos educativos en nuestro país y en el mundo. Espero con ansias el desenlace y poder vislumbrar un futuro promisorio para las nuevas generaciones.

Alexander Cortes Soto

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