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“Si El Borugo se vuelve museo, tendríamos nuestro Auschwitz colombiano”

COLPRENSA - EL NUEVO DÍA
El lugar conocido como ‘El Borugo’, en La Macarena (Meta), quiere convertirse en un “museo de la infamia”, en el Auschwitz colombiano para impedir el olvido de tantas víctimas de las Farc.

“A pesar de todo lo que han hecho todavía es posible sentir en el aire la energía pesada y los indicios de que algo malo ocurrió aquí”. Así lo asegura uno de los soldados que pertenecen al Grupo Puma del Ejército, quienes viven ahora en ese lugar donde, en efecto, no algo, sino cosas terribles sucedieron hace más de una década.

El lugar conocido como ‘El Borugo’ está ubicado en La Macarena (Meta) y fue el lugar donde se vivieron las peores infamias en los tiempos más difíciles del país, cuándo las Farc tenían a miles de secuestrados hacinados detrás de una alambrada de púas en las peores condiciones.

Pareciera increíble que el lugar convertido en el refugio de Jorge Briceño, alias el ‘Mono Jojoy’, desde donde ordenó un sinnúmero de atentados y fue escenario para captar las imágenes de los secuestrados que dieron la vuelta al mundo y escandalizaron a la humanidad entera, sea ahora la casa de los “héroes de la Nación”, además el punto clave para velar por la seguridad de los pobladores de la región y quiera convertirse en un “museo de la infamia”.

Según narran los militares pertenecientes a la Fuerza de Despliegue Rápido, la intención ahora, aunque no hay nada confirmado y está en proceso, es convertir esta zona selvática del llano en el “Auschwitz colombiano”, para que por más que transcurra el tiempo, se quede en la memoria de los nacionales y extranjeros que visiten la zona, que “hubo tiempos muy oscuros a los que les llegó la luz”.

El borugo de la guerrila

A finales de los 90, alias ‘Silverio’, un guerrillero de las Farc, fue enviado por el ‘Mono Jojoy’ para que ubicara un lugar en La Macarena que pudieran adaptar y convertirlo en campamento para él y otros guerrilleros, ya que conocía a la perfección este municipio.

Días después, el lugar estaba ubicado y cumplía con las instrucciones, tenía acceso a la zona urbana y contaba con agua potable, pese a estar inmerso y escondido en la espesa selva de la región, lo que era además gran ventaja.

Lo que era entonces un campo abierto lleno de roedores típicos de la región, conocidos como borugos, se convirtió días después en el refugio de uno de los guerrilleros más radicales de la historia y donde tuvo secuestrados a 242 policías y cientos de civiles, que en 2001, en medio de un discurso pronunciado por el jefe guerrillero en ese mismo lugar, recobraron la libertad.

Sin embargo, ‘El Borugo’ no solo era temido por los secuestrados o las personas que lo habitaban, sino que también se convirtió en un lugar de terror para todos, ya que un día tres campesinos entraron a sacar del lugar algunas pertenencias que creían abandonadas y al ser descubiertos, fueron fusilados y colgados en el parque principal del pueblo, para advertir a los pobladores que no debían acerarse al refugio y mucho menos pretender enfrentarlos.

“Horrores y más horrores”, como lo describen los pobladores de La Macarena, se vivieron en aquella finca premiada con el paso de un río, con multitud de especies de fauna y flora y un clima cálido, ideal para disfrutar de aquellas riquezas.

El destierro de ‘Jojoy’

 Los años que duró ‘El Borugo’ en manos de la guerrilla fueron eternos para los vecinos de la población; por eso, cuando en 2007 el grupo Puma, conformado por los mejores hombres de la la Fuerza de Despliegue Rápido, llegó a la zona y decidió quedarse con el lugar, se cumplió la que han bautizado los mismos pobladores como la “justicia divina”, que aunque tardó varios años llegó.

A su llegada, cuentan los uniformados expertos en camuflaje, se encontraron con varias construcciones realizadas por el jefe guerrillero como una cocina y un baño, además de los vestigios de los alambres de púas que tuvieron privados de la libertad a muchos colombianos.

Ahora, se conservan los fuertes de concreto en la entrada que construyó la guerrilla, permanecen el baño y el kiosko donde el ‘Mono Jojoy’ recibía las visitas de los pobladores y se reunía con sus colegas para planear siniestros, que es ahora una capilla religiosa con imágenes de la virgen y el Divino Niño.

Así mismo, lo que serían las duchas, construidas por los subversivos, se conservan y son utilizadas por el Ejército para el mismo fin.

Ahora, la intención, aunque depende de muchas cosas, es convertir la zona en un monumento a la memoria del horror, para que los miles de turistas nacionales y extranjeros que ya pueden visitar Caño Cristales, el río de los siete colores, se desvíen pocos kilómetros y vean en ‘El Borugo’ ese sitio donde ocurrió lo peor y recuerden por un momento a los colombianos que padecieron allí, “sacándolos del cruel olvido en el que terminan inmersos”. 

COLPRENSA

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