Hay que identificar las prácticas que naturalizan el abuso sexual en Colombia: Juliana Pungiluppi

COLPRENSA - EL NUEVO DÍA
Juliana Pungiluppi habló sobre la Alianza Nacional contra la Violencia hacia Niñas, Niños y Adolescentes, lanzada el pasado 14 de agosto y las estrategias pensadas para que al final del cuatrienio 16 mil niños y jóvenes no sufran ningún tipo de vulneración.

Catalina Gómez: La Alianza contra la Violencia hacia Niñas, Niños y Adolescentes está basada en el modelo Inspire del Global Partnership to End Violence Against Children. ¿En qué consistió esta estrategia y cómo se piensa adaptar al contexto colombiano?

Juliana Pungiluppi: Vamos a hacer temas en el marco legal y en temas de normatividad que hay que ajustar para que la estrategia sea eficiente. Partiremos desde la movilización social, lo cual implica la implementación de normas y valores; aptitudes para la vida que es lo mismo que la seguridad en el entorno; Apoyo recibido por parte de padres o cuidadores y respuesta de servicios y educación.

Estos aspectos van a ser nuestro marco de referencia y esa va a ser nuestra política pública. Nos enfocaremos en la creación de entornos protectores y atención oportuna e integral. Esos son los pilares o ejes transversales que se evidencian junto con una sólida arquitectura institucional.

C.G: Recientemente, se han desbordado los casos de abuso sexual infantil y maltrato, ¿el gobierno ha hecho análisis sobre por qué han sucedido estos hechos?

J.P: Si, por eso se hace la Alianza. Según reportes de Medicina Legal, hubo 344 asesinatos de niñas, niños y adolescentes entre enero y junio de 2019. Además, el Ministerio de Salud, junto con el Centro de Salud de Prevención de enfermedades de EE.UU., hicieron por primera vez la encuesta internacional de Violencia contra niñas, niños y adolescentes. En esta, aún se observa gran prevalencia de la violencia.

C.G: ¿Qué datos arrojó la encuesta?

J.P: Esta encuesta nos dice principalmente que a los niños y niñas los afectan las violencias de distintas formas. Más de la mitad de los niños están sufriendo de violencias no letales como lo son las físicas. Por su parte, a las niñas las afectan dos tipos de violencia más que a los niños: la sexual y la psicológica. El 15% de niñas a nivel nacional han sido afectadas por sucesos de violencia sexual y el 21% de ellas han sido violentadas psicológicamente. Esto es bastante alarmante.

Si uno se pone a pensar, aquí hay un tema de estereotipos, pues existe un componente de género cuando hay una violación. Esto se debe a que las mujeres son vistas como objetos sexuales. En los niños es más común la violencia física (38%) versus el 27% de las niñas, por un tema de machismo, se cree que ellos resisten más el maltrato.

C.G: ¿Los agresores en casos de violencia sexual son estrictamente un sujeto?

J.P: El agresor no tiene que ser una persona necesariamente, el conflicto armado también se involucra en este aspecto, porque aproximadamente 1,3 millones de niños han sido desplazados por este y también genera en los niños este tipo de agresiones. De estos 1,3 millones de niños, 33% son menores de 6 años y 13% sufre de estrés postraumático.

C.G: ¿Qué secuelas tiene la violencia sexual en quienes la sufren?

J.P: La violencia a temprana edad genera daños irreparables en la salud física y mental. Además, tiene secuelas severas en la vida adulta como lesiones traumáticas en el cerebro, problemas de salud mental como depresión, ansiedad, síndrome de estrés postraumático; enfermedades de contagio como las de transmisión sexual; enfermedades crónicas como diabetes, cáncer, y comportamientos de riesgo como adicción al alcohol, drogas y prácticas sexuales poco seguras.

C.G: ¿Cuál piensa usted que son las conductas culturales que están naturalizando el abuso sexual en Colombia?

J.P: Aún hace falta diagnosticarlas pero el ejercicio es crear un estudio de normas sociales. Sin embargo, muchas de ellas están asociadas a considerar que las mujeres son un objeto sexual. Entonces, en la medida que son objetos sexuales, cualquiera puede acceder a ellas sin contar con su consentimiento y adicionalmente de manera violenta. Esto prevalece más en niñas que en niños aunque ellos no están exentos de sufrir también de violencia sexual. Incluso, reconocemos que puede haber un subregistro supremamente alto porque está tan naturalizada la violencia que la gente asume que algunas conductas no constituyen violencia sexual.

C.G: ¿Cuáles de esas conductas serían?

J.P: Los accesos no permitidos; cuando un hombre mucho mayor quiere salir con una niña de 10 a 12 años y se considera un noviazgo normal, a tal punto que no logramos identificar un desequilibrio o desigualdad de poder. Esto es un grave riesgo en términos de que una niña que no ha terminado de formar su desarrollo cognitivo e incluso físico en comparación con un hombre que ya tiene mucha experiencia y termina redundando en un matrimonio temprano, violencia sexual o un embarazo temprano no deseado.

Parte del trabajo es primero, reconocer que la violencia sexual no es solo un acceso carnal violento que tiene una escalada, incluyendo las otras violencias. Todo empieza por cosas muy pequeñas que todos vamos notando y que al final se traduce en violación o asesinato.

C.G: Si el panorama es tan complejo, ¿no sería contradictorio dar penas altas?

J.P: No hay una única vía en el endurecimiento de las penas, también hay un componente que está centrado, primero, en la movilización social, hay que identificar cuáles son las prácticas que naturalizan el abuso sexual y trabajar sobre ellas para que no se sigan presentando. En el marco legal se está trabajando en varias vías y ya hay una que está aprobada, que es el tema de registro de agresores, el cual permite reconocer dónde está ubicado. Lo que se busca con este es que el agresor no pueda trabajar ni acercarse a los niños.

Otro aspecto preocupante es que las niñas, niños y adolescentes están siendo vulnerados donde pasan gran parte de sus vidas, y son los entornos que más deben protegerlos como el hogar, las escuelas, los parques. No estamos usando las tecnologías que usamos para anticipar las violencias, no estamos siendo muy efectivos en la prevención. También falta una especialización en atender a las víctimas cuando ya se vulneran sus derechos. No las estamos rehabilitando. Este ya no es tanto un tema de por qué pasan las cosas sino en general, sino en qué estamos fallando para sacarlas adelante.

C.G: ¿Cómo se piensa hablar con las familias en general acerca del Abuso sexual intrafamiliar, ya que la mayoría de casos de violencia sexual se dan dentro del hogar?

J.P: Lo primero que tiene que suceder es que nuestros propios funcionarios puedan reconocer las violencias fácilmente y puedan activar lo que nosotros denominamos “las rutas” . Si soy funcionaria del instituto y encuentro a una niña de 13 años embarazada, inmediatamente tengo que considerar un abuso sexual. Hay que remitir a la niña a un centro de salud y hacer seguimiento con la Fiscalía y la Policía para que se de todo el trabajo de investigación y captura del agresor.

Hay que tener presente, que al hablar con las familias de abuso sexual intrafamiliar, las denuncias van a aumentar considerablemente. Puede ser contraproducente porque se pensará que la estrategia no está funcionando, pero esto se deberá a la confianza institucional que está teniendo las víctimas al denunciar. Por lo tanto, es un tema que hay que manejar con cuidado.

 

Preguntas y respuestas

C.G: ¿Cómo se piensa brindar atención psicológica y la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) a una menor embarazada debido a una violación?

J.P: Lo que se busca es que haya una mayor oportunidad de respuesta y eficacia cuando se presentan estos casos. Estos casos ya se han dado. En muchas regiones del país que son muy conservadoras, el hecho de que una mujer menor de edad solicite una IVE por violencia sexual no es aceptado y se maneja a nivel institucional la objeción de conciencia. En ese escenario, es obligatorio que nos articulemos con el Ministerio de Salud para hacer seguimiento a los hospitales y actuar lo más pronto posible.

Cuando tenemos conocimiento de un caso así, vamos hacia la zona donde está el niño con el Defensor de Familia y hace una verificación de derechos, es decir, determina la situación que vive la niña, la remite a un centro de salud y se inicia la ruta para que el médico de la EPS ponga en conocimiento la opción de la IVE para que sea practicada, según el lineamiento de la sentencia C-355 de 2006.

C.G: ¿Cuáles herramientas podrían tener los niños, niñas y adolescentes, aparte de la línea de emergencia #141, para tener una conciencia de su cuerpo, de su integridad y evitar que cualquier persona, así sea un familiar, lo toque de manera indebida?

J.P: Hay un trabajo fuerte en diferentes programas esforzándonos mucho en temas de derechos sexuales y reproductivos. Es un trabajo que venimos haciendo previamente, pero que vamos a fortalecer. Esto se hará mediante los resultados que arrojará el estudio que va a hacer la Universidad de Pennsylvania. Es el que nos va a decir que la violencia no es igual en todo el país, así como no es igual en todo el mundo. Los estereotipos no son los mismos en Bogotá que en el Guaviare, la Amazonía o La Guajira. Esas evidencias que vayamos recolectando y recogiendo nos van a permitir que nuestros programas se focalicen desde otro lugar.

A partir del lema “Todo les queda” proponemos desaprender la idea de que la única manera de que un niño se comporte bien es dándote es a través de un golpe, el encierro o teniendo una actitud violenta, debe realizarse mediante nuestra pedagogía, la economía naranja, la pedagogía, los deportes y las artes. No todo se hace a nivel verbal sino también a través del arte.

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