El caso de ‘Dakota’, una pastor alemán en Ibagué que expone las debilidades del sistema

Luego de los hechos el animal perdió su buen ánimo por varios días.
Crédito: SUMINISTRADA FUNDACIÓN DLA – EL NUEVO DÍA
Lo que inició para una familia de la capital tolimense como la búsqueda de un servicio para su mascota, terminó en un drama que mostraría indicios de un delito, sin embargo, estaría pasando inadvertido para las autoridades.
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Con la creación del Grupo Especial para la Lucha Contra el Maltrato Animal, Gelma, en diciembre de 2019, los animalistas consideraron que finalmente contaban con un respaldo de la Policía y la Fiscalía para investigar y judicializar a aquellas personas que maltrataran a las criaturas que no tienen voz, pero que fueron reconocidas en 2016 como seres sintientes y dejaron de ser vistas, en el marco de la legislación, como simples cosas con movimiento.

Sin embargo, a la hora de necesitar del sistema, los compromisos de las autoridades parece que pasaran a ser solo buenas intenciones en algunos de los casos, pues en la práctica aún falta bastante para entender la importancia que se debe dar a un hecho que involucre maltrato animal.

Un ejemplo, es el caso de Dakota, una canina pastor alemán de 11 meses que estando bajo el cuidado de una guardería en el sur de Ibagué, resultó con lesión perianal (ano y recto) y hematomas en la zona vaginal según revisión médica.

Según el relato de sus propietarios a finales de enero de este año, buscaron a través de redes sociales un sitio que prestara el servicio de adiestramiento y cuidado, pues querían que la ‘consentida de la casa’ compartiera con otros caninos y estuviera en un lugar de esparcimiento, mientras ellos cumplían con las labores diarias del trabajo.

Entre las opciones disponibles, escogieron el que les dio más confianza por la experiencia que demostró uno de los cuidadores en adiestramiento y el estado físico de otros 11 animales que había en la guardería.

Una vez revisadas las condiciones del espacio en donde quedaría la pastor alemán, la familia acordó que el aprendizaje de Dakota comenzara a primeras horas de la mañana de un lunes.

Hasta ese momento, la canina mostraba buen estado de salud y ánimo. En el primer día de guardería todo transcurrió con normalidad, muestra de ello fueron los videos y fotos que recibió la propietaria vía WhatsApp. En la noche, “la recogimos, ella llegó con mucha hambre y sed, pero normal”, narró la dueña del animal.

En el segundo día, contó que la envolvió un sentimiento de nostalgia cuando vio que el cuidador se alejaba con Dakota, sensación que la acompañó durante todo ese martes en su jornada, recordó con tristeza.

Ante la intranquilidad, la alternativa fue llamar a los encargados de la guardería para saber cómo estaba su perrita, pero a diferencia del día anterior no hubo fotos o videos, por lo que la falta de respuestas hicieron que la angustia creciera con el paso de las horas.

Solo hasta el mediodía y de manera ligera, le informaron que Dakota fue puesta en aislamiento porque estaba muy inquieta y no obedecía.

Finalizando la tarde, cuando la dueña esperaba la llegada de su mascota, los encargados le informaron sin entrar en detalles, que fuera por ella a una veterinaria.

Al llegar allí, la familia de la canina recibió como explicación que en medio de una caminata, varios perros la atacaron “que se le habían pegado de la cola y la parte trasera”, mismo argumento que quedó registrado en el historial clínico de Dakota y que fue conocido por EL NUEVO DÍA.

Aunque, inicialmente no le permitieron a la dueña ver al animal, tras insistir y casi que colarse, logró ingresar al consultorio, en ese instante notó que además, el hocico estaba inflamado y con señales de amarre, la cola caída y con materia fecal.

“Yo notaba que la perrita no podía levantar la colita, era inquieta y no se podía sentar del dolor”, narró la mujer.

Dakota llegó a su casa caída de ánimo y simplemente se tumbó en el suelo, no permitía que le tocaran la cola y aunque la dueña regresó a la veterinaria a pedir una explicación médica, no se la dieron, pues uno de los cuidadores se hizo pasar como su dueña.

Con el paso de los días, la canina mostraba señales de salud más preocupantes como la de sangrar y no poder retener sus necesidades fisiológicas. Otro de las extrañezas en este caso, es que aunque los encargados de la guardería hablaron de un ataque de otros perros, no había rastros o heridas de mordiscos.

Ante este cuadro, Dakota siguió en control en la misma veterinaria, pero se seguía sin conocer un diagnóstico concreto. Según la propietaria tras varias revisiones y preguntar insistentemente, los veterinarios le indicaron que la perrita habría sido sometida y accedida.

Aunque se estaba frente a un presunto caso de maltrato animal con el agravante de tener indicios relacionados con actos sexuales, la entidad que atendió a la pastor alemán, no habría pasado ningún reporte ante alguna autoridad judicial.

“Para mí fueron días terribles y para la perrita ni que se diga”, narró la propietaria.

Con el paso de los días, la paciencia y el amor brindado por la familia, aportó significativamente a que la canina recuperara su ánimo, no obstante, le quedaron secuelas en su cola, pues hasta la fecha no la ha podido volver a alzar. Según una opinión médica, parece que se la halaron tan fuerte que las vértebras que elevan esta parte del cuerpo, quedaron corridas.

La perra de raza pastor alemán a sus 11 meses mostraba un buen estado físico y de salud.

Obstáculos en la ruta de la justicia

Con la gran incógnita y angustia de saber qué sucedió la tarde de un martes de enero, la familia de Dakota siguió buscando respuestas sólidas que nunca llegaron por parte de los cuidadores, por ello, amparados en la Ley de Protección Animal de 2016, iniciaron el trámite para instaurar formalmente la demanda y así lograr que se diera inicio a una investigación.

El primer paso fue acercarse a las instalaciones de la Fiscalía ubicadas en la zona Industrial El Papayo el domingo 2 de febrero, allí le indicaron que los casos de maltrato animal se atendía en la oficina de criminalística de la calle 21 de la ciudad.

Una vez los denunciante llegaron ahí, la respuesta de uno de los servidores con desdén fue “si coloca esa demanda acá se demora 15 días, si quiere que sea más rápido váyase para la Fiscalía”, comentó la dueña de Dakota.

Ante la indiferencia, los afectados marcaron las líneas 123 y a la del Centro de Atención y Protección Animal, Capa, para pedir orientación, pero no obtuvieron respuesta.

Luego, el 3 de febrero y tras insistir en una oficina de la Fiscalía, recibieron finalmente la denuncia, en ese momento le indicaron que en un plazo de cinco días se comunicarían con la propietaria del animal.

No obstante, no se recibió ninguna razón o dato de avance de la denuncia. A la par, se seguía pidiendo a la veterinaria que entregaran la epicrisis. Aunque el hecho ocurrió la última semana de enero, el documento fue remitido hasta el 12 de febrero.

Y al intentar hacer seguimiento en la Fiscalía Cuarta Local, la respuesta en ese momento fue que “estaban revisando procesos del año 2013”.

En este punto, la familia decidió contactarse con la Veeduría Ciudadana para la Protección y el Bienestar Animal en la Ciudad de Ibagué, Vepyba, entidad que radicó ante la Fiscalía un derecho de petición para que se tomaran “las medidas pertinentes de investigación y demás acciones judiciales”, en este caso, solicitud que hasta el anterior viernes no había sido respondida.

Recientemente, la propietaria de Dakota se enteró que el caso lo estaba llevando la Fiscalía 59, oficina en la que simplemente indicaron que el caso lo tenía un investigador, pero sin entregar algún indicio para saber en qué va el proceso.

Al preguntarle a la afectada qué piensa de todos estas ‘trabas’ del sistema, opinó que aunque se diga que hay un grupo Gelma “parece que no tiene nada que ver con los animales”, a lo que se le suma que los servidores no tienen la disposición y paciencia de orientar a la ciudadanía.

 

Una cadena de falencias

La organización Defensa Legal Animal, DLA, se ha dedicado a hacer acompañamiento y seguimiento a diferentes casos de maltrato animal que detectan en el Tolima y debido a que en ocasiones hay procesos se quedan ‘engavetados’, recientemente se creó la veeduría Vepyba.

Holy Ann Machuca Puentes, abogada e integrante de estas organizaciones indicó que con el derecho de petición se buscaba que la Fiscalía entregara información sobre el caso de Dakota y aunque se venció hace algunos días, aún no hay respuesta.

“Se acudió a esto para llamar la atención de la Fiscalía General de la Nación en la seccional Ibagué, toda vez que se instauró la denuncia y hasta el presente se desconoce si sobre el particular, se ha elaborado un programa metodológico o si se han impartido órdenes a Policía Judicial.

“Al mismo tiempo, se desconoce si hay un investigador asignado al caso, es preocupante el estado grave de vulnerabilidad al que están sometidos esos animales, porque en este momento sigue funcionando dicha guardería”.

Machuca Puentes, señaló que en este caso hubo varias falencias, entre ellas en la veterinaria “el primer error que se presentó fue cuando la revisó la veterinaria, pues debió haber informado a Fiscalía, y a la perra la mandaron para la casa”.

Explicó que el maltrato animal está tipificado en el Código Penal, por lo que se debería darle importancia y un buen procedimiento para poder presentarlo ante un juez, pero “cuando hay una indiferencia en los casos, no lo creen conveniente o interesante para hacer un proceso, estos quedan en el aire o en impunidad”.

Agregó, que también falla el ente investigador, pues aunque tiene la denuncia de la propietaria, “no han ido a averiguar en la veterinaria, tampoco han establecido la ruta de investigación, no han indagado a la guardería, no pasa nada”.

 

La delgada línea entre la indiferencia y la impunidad

Pero el caso de Dakota sería uno de tantos, pues la abogada indicó que hay denuncias desde hace más de dos años que están activos pero sin resolverse.

Perro

Uno de ellos ocurrió en Espinal, según el radicado ante la Fiscalía Local el 13 de marzo de 2017, existía una ciudadana que mantenía a tres perros amarrados con cadenas y lazos que debido al paso del tiempo terminaron pegándose a la piel y un gato moribundo deambulando por el lugar.

Cuando ya se iba a dictar la imputación de los cargos, cambiaron el fiscal y dieron traslado del caso a Ibagué, este hecho dejó la denuncia en el limbo.

Perro

En mayo de ese año, también se denunció un albergue de Cajamarca por maltrato animal ante la Fiscalía, la Secretaría de Salud del Tolima y Cortolima, debido a que el lugar, en el que habitaban 30 perros no contaba con las condiciones sanitarias adecuadas, a lo que se sumaba abandono, negligencia y hasta la muerte de varios animales, es un caso sin resolver.

De la misma forma, se puso en conocimiento el maltrato de un hombre en contra de un cachorro de menos de un mes de nacido frente a unos menores de edad, al día siguiente del ataque el canino falleció.

En Ibagué se denunció al dueño de un perro labrador que lo mantenía día y noche sin ningún abrigo, ni alimento, lo que llevó al canino a caer en un estado grave de salud por desnutrición.

Aunque se logró rescatar, finalmente, tuvieron que recurrir a la eutanasia, pues había perdido un órgano, lo que le producía continuo sufrimiento.

En 2018 la Fundación DLA y varios propietarios, denunciaron la muerte de varios caninos por envenenamiento en Anzoátegui ante la Procuraduría Provincial de Ibagué y la Fiscalía, hasta la fecha sigue sin conocer al o los responsables.

Al listado se sumó recientemente el Centro de Atención y Protección Animal, Capa, entidad a cargo de la Alcaldía de Ibagué. En la denuncia de la veeduría se expone que cerca de 70 animales están en riesgo, pues no se cuenta con “insumos quirúrgicos y medicamentos veterinarios, alimentación, personal para la asepsia y el personal suficiente veterinario, como tampoco personal para su recreación y protección (...)”, se indica en el documento radicado ante la Fiscalía el pasado 9 de marzo.

 

El perrito de raza labrador debido al mal estado de salud perdió un órgano. Este caso se registró en Ibagué.

 

¿Y Gelma?

A fines de 2019 cuando se dio a conocer la finalidad del Grupo Especial para la Lucha Contra el Maltrato Animal, Gelma, se dijo que tendría la función exclusiva de recibir denuncias como las de Dakota, “para permitir una investigación concentrada y una judicialización oportuna que se adecúe a lo señalado por la Ley de Maltrato Animal (…)

“Además de circunstancias de agravación que dependen de si el delito estuvo relacionado con actos sexuales en contra de los animales (...)”.

El pasado 12 de febrero cumplió dos meses de conformado este grupo y hasta ese entonces, la comunidad animalista, solo conocía una judicialización por maltrato animal en todo el país. Se trata del caso de Gordo, un canino apuñalado y asesinado en Arauca.

EL NUEVO DÍA consultó con la Fiscalía sobre el funcionamiento del grupo Gelma para esta región, la respuesta es que al ser una propuesta nueva, por ahora está operando desde Bogotá, ciudad a la que se remiten los casos y desde la que se designa un fiscal de acuerdo con el tipo de hecho.

Otro de los factores que ha afectado la celeridad de esta iniciativa para que llegue a las regiones, sería el cambio de administración.

Por ahora, los ciudadanos pueden remitir sus denuncias a través de las líneas 122 o 123, a un cuadrante de Policía o en las URI de la Fiscalía.

 

Cifra

35 sería el número de denuncias promedio por mes en el país según datos de la Fiscalía.

 

Dato

Gelma entró en funcionamiento con 38 fiscales a nivel nacional, 38 investigadores del CTI, 44 agentes de policía y 16 binomios caninos, para identificar tráfico de fauna silvestre.

En esta secuencia se evidencia los golpes a un canino que tenía menos de un mes de nacido en Cajamarca.

 

EL NUEVO DÍA

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