El regreso de Bunga Bunga…

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A sus 81 años y a pesar de estar inhabilitado para ocupar cargos públicos, Silvio Berlusconi se metamorfosea y se alzó victorioso en las elecciones generales italianas.

«No es complejo de superioridad, es un dato objetivo. Soy de un calibre sin parangón». «Sólo Napoleón ha hecho más que yo». «Soy el Jesucristo de la política, me sacrifico por todos». «Mi valía es algo que está fuera de toda discusión; mi sustancia humana, mi historia, es algo con lo que los otros únicamente sueñan». Únicamente hay un político en el mundo capaz de decir todo eso de sí mismo sin sonrojarse, convencido de que es la verdad: Silvio Berlusconi. Pero es posible que no le falte algo de razón al viejo caimán, que en septiembre cumplió 81 años y que lleva casi 25 dominando la escena política italiana. Puede que efectivamente lo suyo sea algo sobrenatural, un portento de la naturaleza.

Sólo se explica así su remontada. Después de que en 2011 se viera obligado a dimitir, con la prima de riesgo italiana a niveles estratosféricos y toda Europa presionando para que dejara el Gobierno en manos del tecnócrata Mario Monti, Berlusconi se ha metamorfoseado en benévolo abuelito, en sereno y experimentado político, en un sabio hombre de Estado con un cúmulo de experiencia a sus espaldas. Al fin y al cabo, en un país que ha tenido 65 gobiernos en los últimos 70 años. De hecho, muchos periodistas lo describen como el abuelo de Italia, “el nonno.”

En fin,Berlusconi ahora representa la estabilidad. Es verdad que no podrá ser primer ministro por culpa de esa inhabilitación para ocupar cargos públicos y contra la cual ha presentado el preceptivo recurso al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, alegando que es víctima de un complot político en su contra. Pero al alzarse con la victoria es él quien decidiría el nombre del nuevo jefe del Ejecutivo italiano, será el gran director que moverá los hilos.

«Es muy posible que sea el kingmaker, el que decida quién será el rey, el primer ministro» en palabras de Bill Emmott, ex director de The Economist, y quien considera que Berlusconi puede acabar siendo el «salvador político de Italia». Para este politólogo, “es alguien que «ha tenido la capacidad de entrar en los pliegues del cerebro de los italianos y modelarlos, de crear en la sociedad una nueva cultura y una nueva mentalidad, de establecer las bases de lo que es la italianidad actual. Alguien que conecta con la cultura popular, que maneja a la perfección el humor de la gente de la calle, el primero que hace 25 años llevó a la política su vida personal y afectiva, el primer populista en jugar con sólo soy uno de vosotros sino también todos podéis ser como yo, el primero en transformar los partidos de bloques ideológicos a clanes familiares y de afectos personales».

EL NUEVO DÍA