Más que un candidato presidencial, el conservatismo necesita un jefe

Se ha estado hablando de una candidatura presidencial de Andrés Pastrana, cosa que ha sido desmentida por él. Pero de ahí surge la pregunta de si no es más importante una jefatura suya que una candidatura suya. Porque lo que más necesita el conservatismo en este momento, es un jefe.

Se ha estado hablando de una candidatura presidencial de Andrés Pastrana, cosa que ha sido desmentida por él. Pero de ahí surge la pregunta de si no es más importante una jefatura suya que una candidatura suya. Porque lo que más necesita el conservatismo en este momento, es un jefe. De eso no cabe duda. 

Durante todos estos años la sensación que ha quedado es que el conservatismo se mimetizó dentro del uribismo y pasó de agache para colocar a todos aquellos que estaban buscando altos puestos en la administración pública. Y que si había un jefe, ese era Álvaro Uribe. Pero una jefatura residual, como de pasatiempo, como transversal, como temporal, como que sí como que no. En todo caso el partido desapareció. Ya no era opción de poder. Ya no era partido. Era simplemente una fuerza amorfa para que se entregaba  por puestos, que votaba como ejercicio comercial. Pero en cuanto a sentir una jefatura como propia, no se ha visto desde hace mucho tiempo. El conservatismo se olvidó de eso. Creyó que no hacía falta.

Y en el plano de las ideas no se ha visto nada, pues murieron las ideas. Así que las cosas hay que tomarlas desde cero. Hay que fundar de nuevo el partido conservador. Y hay que ponerle un jefe. Y ese no puede ser otro que el expresidente Pastrana. Nadie aparece adentro para disputarle ese rango que le pertenece por haber sido su representante en la jefatura del estado que  significó  la última aproximación al poder que tuvimos.

Los partidos generalmente se dan sus propios jefes, nacen de la entraña misma, surgen de la cantera de la historia. Y el expresidente entraña por una parte, ese pasado conservador que significó la presencia de Misael Pastrana Borrero, quien también llegó a la presidencia. Y que no fue ninguna mancha ni ningún desdoro, sino todo lo contrario. Durante su gobierno se llegó a realizar el único plan de desarrollo que se ha cumplido hasta ahora durante un periodo de cuatro años. Y además, quiso darle un acento social a un partido que era tildado de amparo de simples terratenientes.   Principio quieren las cosas. Y en el principio no fue el verbo sino la acción. Luego al expresidente Pastrana debemos ponerle la tentación de su permanencia en la política a través de una acción conservadora.

El conservatismo no tiene otra salida si quiere salir de esta etapa de mutismo, de pérdida de identidad en que se encuentra. Está como los adolescentes y los viejos con demencia senil, en una crisis de identidad.

RAUL PACHECO

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