El odio amoroso

Me tiene sin cuidado cuál de las dos gemas de candidatos gana las elecciones. Si alguno de los portentos se hubiera comprometido con devolverle a las regiones sus regalías, ese sería mi candidato.

La primera vuelta fue muy simpática, la gente debía escoger entre el candidato presidencial de Uribe, el presidente electo que montó Uribe, el excandidato a la alcaldía de Bogotá de Uribe, la exministra de defensa de Uribe o la exnovia de Uribe. Hoy nos quieren vender un discurso baboso pacifista como único argumento para tapar una cruel realidad: que un presidente en ejercicio, con la gorda billetera del Estado, con los medios de comunicación a su favor, con una Unidad Nacional que consolidó a punta de mermelada corrupta en donde nadie alega nada porque todos están untados, un presidente así que parece incapaz de ganar unas elecciones. Eso es muy triste.

Cada vez que miro las redes sociales o el internet, está plagado de notitas contra Uribe, lo que demuestra que las redes sociales ni ponen ni quitan presidente. Tampoco lo logran los intelectuales ni los columnistas, lo cual salta a la vista en un país donde expresar públicamente la simpatía por Uribe, se vuelve peor que salir del clóset, que manifestarse abiertamente miembro de la iglesia Pentecostal Unida de Colombia, o sacar la moza a una fiesta en el Club Campestre.

Resulta sospechosa la declaración de Peñalosa afirmando que el Partido Verde no hará adhesiones “públicas” a ninguna campaña, y yo supongo que ese “públicas”, hace referencia al fenómeno de Uribe, al que le dan tratamiento de moza y tiene ese importante lugar en el corazoncito del cual las mozas difícilmente son destronadas.

Por lo pronto yo me divierto como mico trepado en un bonsái y sueño con que el odio de Uribe ascienda a límites insospechados. A mi edad estoy fatigado de ver a los partidos tradicionales y no tradicionales, hacer gavilla en el Congreso para subirse el sueldo, las pensiones, apoyar a los bancos, a los expropiadores de tierras, a las tras nacionales, hacerse los de la vista gorda cubriendo a ladrones y asesinos de cuello blanco.

Como resultado de este circo de la política en el que intelectuales y populacho defienden los terruñitos de sus almitas, me saboreo pensando que Uribe va a llegar al Congreso y de paso a la presidencia de la República, y si su odio es verídico, si su odio no transa, no es negociable, las primeras víctimas serían el presidente actual en ejercicio (al que en cuatro años no se le vio ejercicio alguno), todos los senadores y congresistas de la U que aún no han abandonado el barco, como estilan las ratas públicamente (porque habrá roedores a hurtadillas apoyando desde sus ratoneras), los barones electorales que saltaron de bando a bando, con una solidez ideológica digna de meretrices. Esperemos que el presidente entienda que si uno invierte en prostíbulos en lugar de invertir en la gente, lo mínimo que va a obtener es sífilis.

Me sueño el Congreso roído por dentro. Fantaseo con un Congreso unicameral que deje cesante a cien políticos, así el camino de tan amoroso acto, pase por el odio de Uribe. El que piense que tan cruento y vengativo deseo es reprochable, que revise para que le ha servido a este país, el contubernio amoroso de los partidos de su corazoncito.

Twitter @cesarpicon

RICARDO CADAVID

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