Sin bando bueno

No había terminado la ceremonia de entrega del Informe Final de la Comisión de la Verdad con sus miles de páginas que recién empezaban a salir a la luz, y ya circulaban frases disonantes contra los cuatro años de trabajo de la Comisión dirigida por el Padre De Roux, tratando de descalificar lo que ni siquiera han leído.
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Evento ignorado por el presidente Duque, que prefirió el ene mil paseo al extranjero por cuenta del erario, que ponerle la cara a uno de los esfuerzos más importantes para dilucidar las duras realidades de nuestra propia historia. 

La pronta oposición al enorme trabajo de la Comisión, sin conocerlo, muestra el negacionismo que habitualmente tienen los que han tomado partido en la contienda, tras el cual justifican todo el accionar de su bando, cualquiera que este sea. Pero si algo queda claro en el informe es que no hubo bando bueno y la responsabilidad de la sociedad civil en los hechos que ocurrieron es muy grande. Continuar defendiendo desde las trincheras particulares el accionar de unos u otros victimarios no tiene sentido; y menos a la luz del Informe Final, que por supuesto no concluye un tema tan enorme que ha dejado tantas heridas abiertas. Conflictos como el colombiano demoran décadas en poder sanar las cicatrices de la guerra, una vez encontrado el camino de la reconciliación.  

Las cifras mostradas de muertes, desapariciones forzadas, secuestros, violaciones y demás hechos luctuosos, son mucho mayores a las que se habían venido manejando y existe la certeza, que, pese al fuerte aumento, todavía son un subregistro. Cifras que siguen creciendo, aunque a ritmos diferentes a los peores años del conflicto. La clasificación por victimarios identificados de homicidios muestra que los peores fueron los paramilitares con casi la mitad del total, seguidos por las Farc con menos de la mitad de aquellos y luego por los agentes estatales, y en aparente menor medida el ELN, otras guerrillas y demás grupos al margen de la ley. Pero lo que más asombra es que, de todas esas muertes, solo el 1.5 % es de los combatientes en pugna, pues el resto son víctimas civiles; dramático reflejo de la degradación del conflicto y de la cobardía de los actos.  

Queda claro que no hay ni un ápice de romanticismo, ni justa causa revolucionaria en unas guerrillas que participaron de la degradación de la guerra, como no hay nada que pueda justificar el accionar paramilitar, protegido por políticos, creado, apoyado y financiado por ganaderos, empresarios y narcotraficantes. Tampoco hay heroísmo alguno, ni defensa de la patria, tras los asesinatos y masacres de civiles perpetrados por agentes del estado, cuyos crímenes contaron con la complicidad de altos oficiales, fiscales y de quienes quisieron encubrirlos.  

El informe deja claro que no hubo bando bueno. La extensa guerra los pudrió a todos, los deslegitimó. Y debemos tener claro que cada uno de nosotros tuvimos nuestra cuota de responsabilidad por no haber hecho lo suficiente para que todas las diferencias y problemas, incluso el narcotráfico, se hayan resuelto de forma civilizada, porque para eso es que existe la prensa, el derecho y la política, no solo para ser gasolina de pirómanos.

 

DARÍO ORTIZ

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