Renovación liberal

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Después de los resultados electorales del pasado 9 de marzo, es innegable un hecho político que me resisto pasar por alto: El Partido Liberal Colombiano en el Tolima fue uno de los grandes damnificados. Quizás fue la “mermelada” Santista, el alto abstencionismo, el voto en blanco o el desprestigio de la política, lo cierto es que se perdió.

Hoy el Departamento del Tolima, en otrora reconocido como fortín Liberal, no deja de ser mas que eso: Un recuerdo.

El hecho de perder la representación en el Senado de la República, algo histórico que nunca había sucedido, y de no lograr recuperar el segundo escaño en la Cámara de Representantes, deja una preocupación enorme a militantes y simpatizantes del Partido.

No pienso realizar “juicios de responsabilidad política”, no soy el más indicado para hacerlo, pero considero pertinente esbozar algunas reflexiones y consideraciones al respecto, aceptando de antemano las reacciones positivas y negativas que las mismas generen.

La falta de unidad al interior del partido, la misma que se vio seriamente afectada producto de la discusión personal de los dos máximos dirigentes a nivel Municipal y Departamental; el “fuego amigo” en el que quedaron inmersos militantes y simpatizantes del partido por cuenta de dicho enfrentamiento de “ismos”; la inoperatividad de los Directorios Municipales y Departamental; la posición de comodidad y entrega que a nivel Nacional ha sido asumida por el Partido en pro de la “Unidad Nacional”, desapareciendo el debate, el control político, y el protagonismo de antaño; son, entre otras, circunstancias que incidieron en el resultado negativo.

Hoy el Partido Liberal se ha convertido, como hace 32 años lo vaticinaba Luis Carlos Galán, no en el gran instrumento de expresión de las bases populares de nuestro país, sino en una simple maquinaria electoral y burocrática, que todo lo reduce a conquistar pedazos de la administración pública para lograr, a través de ellos, la interferencia y el condicionamiento en la opinión de los electores.

“El pueblo es superior a sus dirigentes”, máxima sentencia que nos dejó Jorge Eliécer Gaitán, nos recuerda que los dirigentes, sin las bases, nunca serán verdaderos dirigentes. Que llego el momento en el que sean las bases, y no la burocracia, los protagonistas de la renovación y el impulso de nuevos liderazgos que, acompañados de la experiencia, permitirán sacar al Liberalismo del ostracismo en el que se encuentra.

Credito
CAMILO DELGADO HERRERA Concejal de Ibagué

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