No dejes para mañana…

Ricardo Ferro

En 2004 ocurrió una tragedia en Bogotá, cuando una máquina cayó sobre el autobús que transportaba a 21 niños del Colegio Agustiniano Norte.

Un día después del fatídico hecho escuché en la radio una entrevista con el padre de uno de los pequeños fallecidos. El afligido hombre relató que en esa mañana llevó a su hijo, de escasos siete años, hasta el autobús del colegio. Los dos iban de afán. Cuando el niño se iba a subir al vehículo, quiso dar un abrazo de despedida a su padre. En medio del acelere, el hombre no aceptó el abrazo y, en palabras más, palabras menos, le quedó debiendo el abrazo para por la tarde. Y llegó la tarde y también la tragedia. El hombre no volvió a ver a su hijo con vida. La máquina lo había aplastado junto a 20 de sus compañeritos.

Esa historia, que recuerdo con relativa frecuencia, me hace reflexionar sobre lo poco que sabemos aprovechar y gozar la vida y sobre lo poco o nada que invertimos para evitar tragedias como la del Agustiniano. El viernes pasado, por ejemplo, nos llenamos de pavor en Ibagué cuando vimos, después de un torrencial aguacero, que no estamos preparados para afrontar una calamidad en la ciudad. Por fortuna, el tema no pasó a mayores y todo se quedó en caos vehicular y árboles caídos.

Dios mío: ¿qué daría hoy ese pobre hombre del Agustiniano por devolver el tiempo y poder abrazar a su hijo? Su vida, sin duda, y mucho más.

Pero como cada día somos menos humanos, nos acostumbramos a dejar de mirar las cosas más hermosas que tiene la vida: la sonrisa de los hijos, su primer diente y la alegría cuando llegan del colegio a casa.

He leído y releído la carta que el ministro de Salud, Alejandro Gaviria, escribió a propósito de la batalla que libra contra un cáncer. En tono conmovedor habló de las cosas que le gustaría hacer. Por ejemplo, “salir de la casa con mi esposa ya tardecito, dar la vuelta a la esquina, entrar al restaurante italiano, sentarnos en una mesa, pero no frente a frente sino del mismo lado, pedir una botella de vino, cualquiera, y brindar porque estamos juntos y porque estar juntos es suficiente para brindar y brindar”.

Qué bueno que todos acogiéramos la recomendación del ministro Gaviria. Por mi parte, también quiero sacar más tiempo para aquellos que quiero y que me quieren. En este momento de mi vida mi mayor tesoro son las enseñanzas de mis padres, la solidaridad de mis hermanos, la compresión y el amor de mi esposa, la sonrisa de mi hija y el aprecio y cariño de mis amigos. Claro que como soy un hombre lleno de defectos a veces tampoco alcanzo a ver esas cosas.

Saque de Banda: A propósito de la tormenta del pasado viernes en Ibagué, es necesario priorizar recursos para anticiparse a una tragedia. Son evidentes los riesgos en que están los habitantes de diferentes sectores de la ciudad. No lamentemos mañana lo que pudimos prevenir hoy.

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