Carlos Gaviria Díaz o la conciencia ética

En medio de las turbulencias de Colombia, de las contradicciones de todo orden, de los contrastes sociales, de las turbideces políticas y de los conflictos de violencia generados por factores y actores diversos, Carlos Gaviria Díaz encarnó en la Nación una de las corrientes esperanzadoras de cambio en términos de democracia. Formado en el conocimiento del derecho y de los saberes humanísticos, fue un intelectual de probada lucidez.

Su vida es paradigma de honradez y de comprensión. La inteligencia y la decencia guiaron sus actos. No tuvo actitudes deleznables ni cayó en mezquindades. Como dirigente político, servidor público o en el ejercicio profesional, obró según sus deberes y sus responsabilidades.

Exponía sus ideas con razonamientos y las defendía con el convencimiento de estar en lo cierto, pero también respetando al contendor y sin menospreciarlo. Era el reconocimiento de la libre expresión, contrario al dogmatismo, a la intolerancia y el constreñimiento ideológico.

Sin duda alguna, Carlos Gaviria tuvo una existencia enriquecida de valores dignificantes. Era el lado opuesto a la degradación de la política. Era la voz transparente contraria a la babel de los tropeles de la mediocridad.

El talante de Carlos Gaviria Díaz no se acomodó a intereses de aprovechamientos indebidos. Fue coherente con sus principios. Siempre mantuvo el temple de su carácter. No cedía a la banalidad, ni al oportunismo. No omitía lo que le correspondía asumir. Tampoco variaba el rumbo de los compromisos y tenía la transparencia como regla esencial. Con tan resplandeciente diafanidad, honró a Colombia. Y por consiguiente, a su Partido, el Polo Democrático Alternativo; a la justicia, rama a la cual sirvió como juez municipal y magistrado de la Corte Constitucional, al Congreso de Colombia y la política.

En un país de tantas distorsiones, con una corrupción que involucra a no pocos dirigentes, aferrados a las trampas y asfixiados en sus propias audacias de abyección, la ejemplar conducta de Carlos Gaviria enaltece a la nación. Es una lámpara para alumbrar un camino que a veces se oscurece tanto.

Para la Colombia de democracia y paz que es necesario construir, el legado de Carlos Gaviria constituye un valioso aporte. Él fue una conciencia ética, que debe ser soporte en el posconflicto.

Puntada: La fuga de Cristopher Chávez, (a) ´Desalmado´ de la cárcel Las Heliconias, de Florencia, hace parte de la cadena de corrupción que tanto se ha alargado en el Inpec y a cuya crisis solamente se han aplicado paños de agua tibia, a pesar de reconocer su gravedad. Se sabe de la podredumbre, pero su hedor no genera las reacciones que debieran provocar correctivos. Esa permisividad seguirá generando derrumbamientos cada vez más extremos.

cflorez@laopinion.com.co

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