Entre el ruido y la soberbia

3 Feb 2018 - 11:02pm

Entre el ruido y la soberbia

Publicada por
ALEX GRANADOS TRUJILLO
Autor:

El predial es un impuesto que se paga por la propiedad o la posesión de un bien inmueble y se cobra en periodos anuales sobre una base gravable que es el avalúo catastral y el Congreso de la República definió unas tarifas entre el 5 y el 16 por mil, tarifas que deben regular los Concejos Municipales de manera diferencial y progresiva teniendo en cuenta factores como: a) El estrato socioeconómico; b) El uso del suelo (comercial, vivienda, etc.) c) el rango de área; d) El avalúo catastral.

La base gravable del impuesto es el avalúo catastral que no necesariamente coincide con el valor comercial del inmueble, pero se aproxima a ello.

Decir que mi impuesto estaba en tal valor y se aumentó un cien o doscientos por ciento es una lectura equivocada del asunto, el problema no está en el valor a pagar si no en la base. La ciudadanía comprende todo esto, ellos saben que si el inmueble tiene un mayor valor su impuesto será alto, ellos saben que hace más de 5 años no se hace la actualización catastral, ellos saben que les toca pagar ese impuesto por el hecho de poseer, lo cual dicho sea de paso, me parece que es un impuesto absurdo y ridículo, pero bueno, eso es invento del Congreso de la República. Este impuesto representa el 42% del recaudo tributario del municipio, que se utiliza, se supone en obras de inversión social para el progreso de la ciudad. Es decir, es el impuesto más importante en la ciudad.

No se viven buenos tiempos, el costo de vida, el desempleo, el pésimo crecimiento de la economía del país etc., hace que por supuesto se resienten las personas que no aguantan que los aprieten más, insisto, la gente sabe que le toca tributar y sobre este malestar se han aprovechado los opositores del alcalde, que hoy en día son muchos, están usando a las personas para ponerlas como misiles dirigidos a la alcaldía, todo este ruido que hacen los opositores de la administración para fregar a Jaramillo tiene como respuesta un muro gigante de soberbia y desprecio que erige el siempre y muy desacertado secretario de hacienda y el mismo médico-alcalde sobre los ciudadanos.

Le faltó a esta administración, explicar, decir con tiempo, avisar sobre lo que se venía, preparar a la gente y no lanzar ese baldado de agua fría sobre las personas que de un año para otro resultaron con cobros que superan su capacidad de pago, pueda que el cobro sea legal porque está escrito en una ley que avala al médico-alcalde, pero que sea legal no necesariamente significa que sea justo. Lo dijo alguna vez Gandhi: “Cuando una ley es injusta, lo correcto es desobedecer”.

Considero que esta alcaldía debe pagar un costo político, y ese costo es la renuncia del Secretario de Hacienda que no supo administrar este problema, y que no tuvo el tacto, el respeto y la decencia para con la ciudadanía. Para algunos podré parecer un exagerado, pero no es justo y no es respetuoso decirle a la gente que no sea tacaña y que paguen impuestos, tampoco es respetuoso que el médico-alcalde haga una rueda de prensa y con la soberbia y el desdén que le caracteriza, pase una a una páginas de un texto que tenía en sus manos y le diga a las personas que se lean la página “tal” del plan de desarrollo que el Concejo le aprobó, y punto.

Así no son las cosas, la ciudadanía merece respeto y consideración, esto no es una monarquía de las que se retrata en los cuentos, donde el monarca abusivo y autoritario ordena el cobro de los tributos a las malas y con amenazas.

Ahora solo resta que se encuentren soluciones y se llame al diálogo, el señor alcalde, se pelea con los constructores, con los medios de comunicación, con los transportadores, con la Cámara de Comercio y ahora pelea con los ciudadanos que le depositaron mediante el voto la confianza, debería respetarlos porque las heridas quedan señor alcalde.

Mg. en Tributación Internacional

Este artículo obedece a la opinión del columnista. El Nuevo Día no responde por los puntos de vista que allí se expresen.