Tecnología en la guerra rusa

Tal y como en la polémica serie de Netflix, House of Cards, el mundo está ante un reality con el enfrentamiento entre Rusia y Ucrania. La fotografía es así: un presidente estadounidense ad portas de una reelección, con una impopularidad récord, una inflación disparada, una sociedad polarizada, una economía endeudada e intentando asumir un liderazgo global.
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De otra parte, un presidente francés -también en reelección-, con baja popularidad e intentando jugar al conciliador en la situación con Rusia. Muy cerca está la Otan financiada y controlada en su mayoría por EE. UU., buscando recibir a Ucrania en su club de países. 

Por el otro lado está Rusia, con el mayor ejército del mundo, incómodo con la línea ucraniana y con la posibilidad de tener bases norteamericanas en su frontera. 

Aquí en Colombia, un gobierno que juega a la posibilidad de una guerra con Venezuela, situación que le serviría a Rusia para ocupar a los estadounidenses. Y China, por supuesto, intentando ocupar Taiwan aprovechando la coyuntura. La situación no podría ser más crítica en medio de una pandemia que no tiene precedentes en el mundo contemporáneo. 

Una de las grandes novedades de esta guerra es el uso de tecnología a gran escala. Recordemos que ahora las ciudades cuentan con infraestructuras críticas desde donde controlan digitalmente los servicios públicos, telecomunicaciones, actividades financieras, almacenamiento de información y todo tipo de ítems que tienen que ver con la cotidianidad de un país. Ese es el primer objetivo de ataque de quienes quieren desestabilizar al enemigo.

Como si fuera poco, Ucrania es uno de los principales productores de gas neón, fundamental para la elaboración de los láseres utilizados en la fabricación de chips. Según Techcet, ese país suministra el 90 por ciento del neón de grado semiconductor de Estados Unidos. 

Pero eso no es todo, Taiwan -en la mira de China- es el principal productor global de chips para dispositivos electrónicos, una situación que profundizaría la crisis de estos elementos en la industria tecnológica.  Y ni qué decir de los drones no tripulados o la enorme tecnología que tienen en las armas.

Pero además de los ciberataques y de la crisis económica, también está la desinformación que habita en las redes sociales. Esa es un arma efectiva para quienes quieren crear incertidumbre y generar presiones desde la opinión pública. 

La desinformación puede, rápidamente, contagiar incluso a medios de comunicación que en el afán de informar sobre el conflicto conciben esta guerra como una película de vaqueros donde hay buenos y malos. Por eso hay que recordar que en esta coyuntura, como en la serie de Netflix, lo que se juegan son intereses que confirmarían a los nuevos líderes globales.

JUAN MANUEL RAMÍREZ M.
Correo
j@egonomista.com

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