La propiedad pública

¿De qué tamaño es la dotación de parques en Ibagué? Una ciudad que tiene un número comparativamente enorme de ríos, quebradas, canales y escorrentías que la cruzan por todos lados, no tiene ni uno solo, un parque que, aprovechando las rondas de esas aguas, constituya un corredor verde para el disfrute sano y seguro de lo que deberían ser lugares de esparcimiento. Ignoro cuál pueda ser el indicador que nos señale qué tan verde es Ibagué, urbana. ¿Tal vez, en esta semana, puedan hacer público el dato de árboles por cada 100 mil habitantes? O por cada hectárea dentro del perímetro urbano o el que sea. ¿Tal vez nos puedan contar la tasa de parques por cada 100 mil habitantes?

Lo que debería ser un parque, ejemplo en Colombia, fue malogrado por los nefastos politiqueros de por allá, de 1975 a 1985, o algo así, que llenaron de invasiones, de robos al espacio público cohonestados por los concejales, las áreas de expansión del Parque Centenario. Este, debería comenzar en los lados de los tanques de La Pola y de manera continua seguir la ronda de la quebrada La Pioja y el río Chipalo. Pero no, era mejor feriar el futuro amable de la musical y crear unos “barrios” con los nombres de esos prohombres de barro de quienes nadie se acuerda hoy. Cosa similar hicieron con la quebrada El Hato de la Virgen y muchos más cuya lista no es objeto de esta columna.

Ahora, la pretensión es vender las zonas que han cedido los urbanizadores, no construir los parques correspondientes y empeorar el hacinamiento urbano. Una cosa es densificar la ciudad y otra, muy distinta, castrar la posibilidad de recreación en parques adecuados. Y, por favor, no tengan estulticia en la administración y no crean que los ciudadanos somos bobos. Sean claros, digan sin ambages que tienen un negocio con los concejales y que los proyectos se presentan de manera que haya lugar a sesiones extras, con el pago extraordinario a esos concejales para que aprueben aceitadamente lo que el ejecutivo necesita. Ya lo aceptó el presidente del Concejo, Rosas, que había un compromiso previo de tiempo de sesiones extra. Esas sesiones, adicionales a las corrientes, solo se justifican si surge algo que no se pudo prever y que es de una urgencia infinita. De resto, las cosas se deben tramitar en época corriente. ¡No dilapiden el erario!

Otra cosa: Yo no sé desde cuanto hace que, cada año, expiden un decreto de restricción de parrillero por la época de Navidad. Lo que sí sé es que el rito se repite desde hace varios períodos de gobierno municipal en Ibagué. Así, no entiendo que no aprendan a hacer las cosas bien, que utilicen la experiencia adquirida (¿sí la adquieren?) cada 12 meses y, ahora, tengan que cambiar el decreto expedido (que ya debería ser un texto estándar y requete-comprobado) y permitir el transporte como pasajero de niños de menos de 14 años. Tanto chamboneo en la expedición de normas solo lleva a la burla de la ciudadanía, como se ha podido comprobar entre los lectores que utilizan las redes sociales de EL NUEVO DÍA.

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