Confidenciales políticos

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La contratitis aguda que enreda  al fiscal General de la Nación, Eduardo Montealegre Lynett y que mal contada suma los 44 mil millones de pesos, es hoy   un gran escándalo nacional y  es la resultante de una enconada bronca personal que sostienen desde años atrás las dos máximas figuras del poder judicial en Colombia: el exministro de justicia chaparraluno Alfonso Gómez Méndez y el ibaguereño exsimoniano, Montealegre, el hijo de don Argilio, el más famoso tinterillo que se ganaba todos los pleitos judiciales en la época de los años 60 y 70 y que para más señas tenía oficina en el segundo piso del ya desaparecido Café Grano de Oro, en plena esquina de la calle 10 con carrerea Tercera.

El duelo data de 1996, cuando Gómez Méndez era el Fiscal General de la Nación y Montealegre se desempeñaba como Viceprocurador General de la Nación. Desde entonces uno y otro ya se detestaban, porque el Fiscal hablaba mal del procurador General, Jaime Bernal Cuéllar, el jefe, padrino y profesor de Montealegre. A su vez, Bernal Cuéllar y Montealegre acusaban a Gómez Méndez de sardinero y tomatrago y le sacaban a bailar el hecho de que para sus tomatas y deslices de mujeriego utilizara el avión que el Estado tenía al servicio de la Fiscalía, un aparato decomisado a un señalado narcotraficante y que estaba al cuidado de la Dirección Nacional de Estupefacientes.

El segundo capítulo de esta rencilla personal se escenificó en el gobierno del presidente Santos, desde cuando Gómez Méndez es nombrado Ministro de Justicia y Montealegre Lynett es ternado y después elegido Fiscal General de la Nación.

El florero de Llorente fue el proyecto de reforma judicial que se propuso llevar al Congreso desde el día de su posesión el minjusticia Gómez Méndez, pues él soñaba con que esa reforma del sistema penal acusatorio y sistema carcelario lo haría pasar a la historia en ese ministerio, pero pasaban los días y el presidente Santos nada que le daba su visto bueno, por lo que Gómez Méndez decidió encarar a su amigo el Presidente y este con su cara de ogro y con la frialdad que le es característica apenas le respondió: “Ministro, no lleve ese proyecto al congreso porque el Fiscal no lo ve procedente y si es el Fiscal, no lo avala, pues nada que hacer”.

Y ahí fue cuando se armó la guerra de Troya, porque el Minjusticia, herido en su amor propio, corrió de inmediato a presentar su carta de renuncia. Ya en el asfalto como cualquier mortal, Gómez Méndez, amigo cercano de Felipe López Caballero, dueño de la revista Semana y a su vez jefe y contertulio de las leídas columnistas María Isabel Rueda y María Jimena Duzán, se reúne semanalmente con estas para hablar sobre política y gobierno. En cada ocasión el tema favorito son las embarradas del Fiscal. Un primer confidencial versó sobre la compra de un super jet ejecutivo que había adquirido la Fiscalía por millones de dólares. Después comenzó a pasarles datos sobre un cerro de contratos suscritos con periodistas y exmagistrados. Al Fiscal lo veíamos mojando prensa todos los días y a toda hora. Hablaba tanto que la revista Semana comenzó a llamarlo el fiscal Bocaalegre.

Porque Montealegre está tan seguro de que quien le armó el escándalo desde la sombra fue su archienemigo, el minjusticia Gómez Méndez, fue que declaró con rabia a El Espectador:  “He estado abierto al diálogo, pero él siempre me da un portazo. Y además, no necesito hablar con el exministro: cuando quiero saber qué está pensando el conjuez de hoy, leo a María Isabel Rueda o a María Jimena Duzán. El doctor Gómez, además de ser un buen jurista, tiene una virtud que pocos le conocen: es un excelente ventrílocuo”.

HERMÓGENES NAGLES ESPECIAL PARA EL NUEVO DÍA

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