Vuelve la feria

La semana entrante se inaugurará una nueva versión de la Filbo, Feria Internacional del Libro de Bogotá.

Sin lugar a dudas es el certamen literario más importante del año, no sólo por lo que implica el esfuerzo de miles de escritores por hacer presencia y ser visibilizados en esa maraña de los privilegios y las componendas, las invitaciones y los elegidos, sino porque ya son muchas las empresas pequeñas y las editoriales independientes que alzan su voz (será mejor decir alzan sus páginas) para posicionarse en la cultura nacional.

Debo decir que ya no me asiste el mismo entusiasmo de otros años por asistir. En sus primeros años nos regocijábamos durante esos quince días porque era la única oportunidad de encontrarnos, compartir publicaciones y proyectos y celebrar el milagro de crear y de estar vivos.

Entonces se le daba al escritor la importancia que se merece como partícipe de la industria del libro. Si bien el editor es el que invierte, el escritor es quien produce esas obras que le darán al empresario estabilidad y buen nombre. Y dinero, por supuesto.

Sin embargo, hoy ya no es la fiesta de los escritores sino el banquete de los inversionistas, de aquellos que, respaldados por aquel principio de la inversión como sustento del proceso, negocian, venden, compran y celebran, fabrican autores y les dan espacio en el engañoso mundo de la publicidad y de la fama.

Hoy en día los grandes emporios editoriales son, a su vez, dueños de los medios de comunicación. Hacen creer a la ciudadanía que lo que ellos publican y, por supuesto, publicitan en sus periódicos y medios de comunicación, es lo único que existe. Además, que es lo mejor. Y lo premian para afianzar las ventas. Es un negocio redondo en el cual el escritor es apenas un instrumento para que el imperio progrese y se sostenga.

El escritor independiente, por muy buena obras que escriba y que publique por su cuenta, pasa desapercibido porque a él no lo invitan ni siquiera a entrar al recinto ferial donde él debiera ser el protagonista.

Las editoriales independientes son la alternativa y poco a poco adquieren esa voz, aunque están ahogadas por las multinacionales.

El Tolima, por fortuna, tiene una de las mejores editoriales independientes del país. Es Caza de Libros, editorial que lanza en esta feria setenta nuevos títulos.

Una proeza poco igualada en nuestro medio.

Le sigue Pijao Editores, con una actividad editorial envidiable a lo largo de su historia como empresa.

Mi entusiasmo actual quizá me alcance para visitar la feria un fin de semana. Acompañaré a los escritores amigos que lanzan sus obras y brindaré con ellos a la salud de la literatura.

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