El agüita del descanso

En aquellos tiempos de la vida sin afanes, recuerdo de mi madre unas palabras que entonces no entendí muy bien: “A don Aniceto le dieron el agüita del descanso porque sufría dolores espantosos. Ahora descansa en paz”.

Sus palabras han revivido en estos días con la muerte asistida, o eutanasia, que le fuera aplicada a don Ovidio González, siendo la primera practicada legalmente en el territorio nacional.

A pesar de haber sido aceptada desde hace algunos años, previa maraña de leyes, disposiciones, avivatos y procuradores, se aplica legalmente por primera vez eso que en tiempos de mi madre, hermosa y saludable, se hacía con la sencillez del amor por quienes decidieron irse del dolor y del sufrimiento insoportables sin tantos aspavientos. Tan sencillo como la vida.

Pero no es la primera eutanasia legal. Otro colombiano también se la practicó, aunque lejos de su patria y en un país donde ya es normal su uso. Hablo del artista Miguel Ángel Cárdenas, quien decidió morir el 2 de junio de este año en Ámsterdam porque sufría un Parkinson degenerativo que a los 81 años ya lo incapacitaba para su trabajo.

Es relevante recordar que Miguel Ángel era tolimense, de El Espinal, donde nació el 3 de octubre de 1934. Y era un artista de renombre internacional, considerado uno de los holandeses más representativos del arte contemporáneo. Por supuesto, se había nacionalizado holandés.

La primera noticia de su existencia me llegó por el estudio de Darío Ortiz Robledo, “Breve historia de las artes plásticas en el territorio del Tolima”, publicado en el “Manual de historia del Tolima”, de Pijao Editores.

Por eso me parece increíble que no se recuerde a este tolimense, que se fue de Colombia en 1962 y fue adoptado por los Países Bajos como uno de sus artistas más notables.

Estudió arquitectura en la Universidad Nacional y después de hacer algunas exposiciones en Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla, se fue a estudiar a Barcelona y de ahí pasó al norte de Europa para radicarse hasta su muerte en Ámsterdam.

Junto con Raúl Marroquín ha sido considerado el pionero del video arte y el performance en Colombia. En Europa expuso junto a grandes artistas como Andy Warhol, padre del Pop Art.

Quizás la indiferencia por su trabajo se deba a que su obra respira sexo y erotismo hasta llegar al límite de la pornografía.

Por la similitud con otros artistas en una exposición en París se cambió el nombre por el de Michel Cardená, con el cual según él no habría confusión alguna. Con este apelativo dejó de existir.

Si mi madre viviera, diría que a Michel le aplicaron el agüita del descanso, como a don Ovidio.

Que descansen ambos en paz.

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