Un país de dinastías

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Argentina siempre ha sido mucho más que un país. Ser argentino es para sus habitantes una manera de pensar, sentir, hablar y participar muy particular.

Una de las claves para comprender Argentina y el peronismo es que, bajo la influencia de Mussolini y el corporativismo de la época, Perón entendió que su fuerza radicaba en estar contra los oligarcas y los caudillos. Así que se inventó a los descamisados y alistó a todo aquel que tenía una necesidad -racial como en el caso de los cabecitas negras (los pocos indígenas que quedaban) o simplemente hambre- en su ejército invisible frente a las minorías que ocupaban el Jockey Club.

Cristina Kirchner se apaga poco a poco mientras piensa en volver a la Patagonia y ver como su hijo, una especie de débil mental, la puede suceder.

La campaña electoral será muy simple: peronistas contra peronistas.

No hay que rasgarse las vestiduras, el país de Thomas Jefferson, el que permitió a Montesquieu explicar la separación de poderes, se ha convertido en dinástico: los dos contendientes en la carrera hacia la Casa Blanca en dos años más serán o Bush o Clinton. ¿Por qué no podría pensar Cristina entonces en su hijo, si es que tuviera suficiente capacidad intelectual y de comunicación política, para sucederla?

¿En qué consiste la guerra sin fin contra los medios de comunicación, en concreto entre Clarín y la presidenta? En un pequeño y elemental detalle que en toda América hace la diferencia: la última voz, la soberanía, el único que representa la legitimidad no sólo la democrática, sino la institucional, es el presidente o en este caso la presidenta, nunca las empresas. Si no entienden eso, cualquiera de los otros poderes -por grandes que sean- están fuera de juego. Curioso, verdad.

Cuando el recordado Néstor Kirchner llegó al poder supo en qué momento dejar que los “piqueteros” se convirtieran en el nuevo orden que había producido la crisis económica. Así, (en un pacto nunca escrito) los piqueteros pararían el país o lo dinamizarían, según las necesidades políticas.

El fenómeno de los piqueteros y la inseguridad en Argentina es el mismo que tiene Dilma Rousseff en Brasil o Enrique Peña Nieto en México.

En la era de Internet, las leyes son referentes del pasado. Y aunque no podemos vivir sin ellas, tampoco podemos permitir que, si la única violencia legítima es la del Estado, ésta se traslade a Twitter o a Facebook.

Argentina tendrá una campaña electoral interesante entre peronistas contra peronistas, con la única diferencia de cómo miran o dejan de mirar a Kirchner y el hecho de que Argentina fue el primer país que demostró cómo se puede acabar con las mayores reservas de oro, carne y de trigo, porque a fin de cuentas, el ejercicio de la soberanía lo tiene el presidente.

ROBERTO SHAVES FORD D.

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