Al comandante supremo

El ‘santuario de la revolución” se ha convertido en epicentro de homenajes que el chavismo dedicó a su comandante supremo Hugo Chávez, al cumplirse dos años de su muerte. Una nueva denominación con la que se ha bautizado al Cuartel de la Montaña, donde descansan en Caracas los restos del “gigante”.

“Chávez se hizo historia, pueblos, futuro, se sembró para siempre en la conciencia de millones que hacen Patria Grande. Aquí sigo leal con nuestro pueblo, enfrentando maldades y venciendo por tu sueño y nuestra patria”, entonó Maduro. Palabras con aire a justificación en medio de la tormenta de crisis aguda económica que azota al país.

Hasta el nuevo santuario acudió el chavismo, que está más desunido que nunca, y son precisamente los chavistas más ortodoxos quienes se sienten apartados del proyecto liderado por Maduro elegido a dedo por Chávez de forma “firme, plena, irrevocable y absoluta, como la luna llena”.

La frase del ‘líder eterno’ se repitió hasta la saciedad: “¡Unidad, unidad, unidad! Para salvar la patria, para salvar la revolución, para salvar el futuro”. Una idea que permitió al primer mandatario de hoy insistir que “la lealtad se lleva como una forma de vida, como una idea de patria”.

El sector disidente, contra quienes se han lanzado acusaciones de traición y de quintacolumnistas, no comparte los requiebros del presidente. “Se ha acentuado el autoritarismo en el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), lo que provoca que la organización se desconecte del sentir popular”, atacó Heiber Barreto, uno de los líderes de la corriente Marea Socialista. Aún más punzante fue Nícmer Evans. Con el título “Chávez, tenemos que hacer algo”, aseguró que el “golpe de timón” ordenado por el comandante antes de morir “brilla por su ausencia en las políticas públicas gubernamentales”. Evans acusa a Maduro de haber sido seducido por sectores que le empujan a “la restauración del capitalismo” y a “una aceptación del ejercicio del totalitarismo, que sería muy grave”.

El duelo entre los ortodoxos del chavismo y el llamado “madurismo” alcanzó su momento cumbre con la destitución del vicepresidente Jorge Giordani, ideólogo del chavismo económico y gurú marxista del líder revolucionario durante 20 años. El “mago” Giordani arremetió contra Maduro evidenciando sus problemas de liderazgo, la corrupción del sistema y la deriva económica provocada por la inacción presidencial. Denunció la desaparición de 20.000 millones de dólares del ente que otorga divisas para las importaciones, a manos de las “empresas de maletín”, cercanas al poder. Giordani también reconoció que el estado se había quebrado gastando el dinero que no tenía en la reelección de Chávez en 2012, cuando ya estaba condenado a muerte por un cáncer.

Varios dirigentes históricos se alinearon con el viejo profesor, provocando que Maduro empleará su látigo dentro de casa. El grupo civilista del PSUV, capitaneado por Cilia Flores, comparte dirección con el bloque militar, comandando por Diosdado Cabello, vicepresidente del partido. La unión cívica-militar, tantas veces exigida por Chávez, controla al Gobierno, al partido, la pobreza y la ruina que vendrá.

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