Golpe militar y fin de la violencia bipartidista

Golpe militar y fin de la violencia bipartidista
Esta semana que terminó se cumplieron 60 años del golpe militar de las Fuerzas Armadas colombianas, encabezadas por el General Gustavo Rojas Pinilla, contra el gobierno conservador de Laureano Gómez; el único golpe militar durante el Siglo XX, del 13 de Junio de 1953.
19 Jun 2013 - 12:00am

Esta semana que terminó se cumplieron 60 años del golpe militar de las Fuerzas Armadas colombianas, encabezadas por el General Gustavo Rojas Pinilla, contra el gobierno conservador de Laureano Gómez; el único golpe militar durante el Siglo XX, del 13 de Junio de 1953.

Pero realmente más que un golpe militar fue, como lo denominó en su momento el gran jurista liberal Darío Echandia, un 'golpe de opinión', por cuanto tuvo el apoyo inmediato de la mayoría de la opinión nacional, el Partido Liberal y el propio sector ospinista del Partido Conservador, en un contexto de agudizamiento del enfrentamiento violentó entre liberales y conservadores y que llevó a la muerte violenta de 300 mil colombianos a nombre de las banderas azules o rojas y caracterizadas por hechos de extrema en los campos de la patria. 

Ese periodo se distinguió por la recurrencia a la violencia como forma de tramitar las diferencias políticas. Recordemos, especialmente para las nuevas generaciones, pero también para refrescar la memoria, que el ciclo que va desde el inicio de la llamada ‘república liberal’ (1930 - 1946) y la segunda ‘república conservadora’ (1946 - 1953), estuvo fuertemente atravesado por la utilización de la violencia contra los adversarios políticos y con instituciones estatales altamente partidizadas (la policía de la época, gobernaciones y alcaldías). 

Por eso tienen razón quienes destacan que la mediación militar a través de este golpe fue el mecanismo a través del cual, que a pesar de ser indeseable por conllevar a la ruptura del ordenamiento constitucional, término contribuyendo a lograr la desmovilización de los grupos de guerrillas y contraguerrillas liberales y conservadoras y en esa medida a la pacificación de la sociedad.

El gobierno de las Fuerzas Armadas utilizó un procedimiento que tuvo la siguiente secuencia: primero medidas de perdón judicial para todos los actores involucrados en la violencia, asimilables a una amnistía -recordemos que las amnistías solo las pueden decretar los Congresos y para el momento no existía-, luego vino la desmovilización de los grupos irregulares y en tercer lugar un plan de rehabilitación y reintegración, incluyendo programas de colonización en regiones del territorio nacional. 

El acuerdo político entre los partidos Liberal y Conservador vino después con el pacto del Frente Nacional, mediante el cual se distribuyeron el poder (ejecutivo, legislativo y judicial) de manera paritaria durante 16 años. Por ello el Frente Nacional es considerado el verdadero pacto de paz entre liberales y conservadores y selló la paz para siempre entre estos dos partidos históricos. 

La valoración del gobierno del general Rojas Pinilla es ambivalente, porque si bien fue muy apreciada su contribución para la pacificación del país -terminación de la violencia política entre liberales y conservadores-, posteriormente su prolongación en el poder va a generar las tensiones del gobierno de las Fuerza Armadas con las elites políticas, empresariales y la propia iglesia católica, así como hechos luctuosos como la muerte violenta de nueve estudiantes de la Universidad Nacional, el 8 y el 9 de junio de 1954, al ser reprimida la manifestación de jóvenes universitarios liberales y conservadores.

Todo lo anterior contribuyó a generar el gran movimiento que se va a concretar en el Paro Cívico del 10 de mayo de 1957, que produjo la salida del general Rojas Pinilla y su reemplazo por la Junta Militar, que va a conducir la transición hacia los gobiernos civiles nuevamente y con los pactos de Bernidorn y Sitges que dan origen al Frente Nacional. 

Siempre es importante no olvidar nuestra historia para valorar los hechos del presente. 

Publicada por
ALEJO VARGAS
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