Vacaciones de fin de año

La alternación de ciclos activos de alto desgaste energético con ciclos de reposo y descanso es una constante de la naturaleza, que también cubre a la especie humana. En nuestro caso, las largas jornadas de actividades tienen que intercalarse con algunas horas de sueño y reposo. De lo contrario, la vida colapsaría o las mentes enloquecerían, al punto de tener que ‘desconectarse’ de la vida.

La temporada de fin de año es la oportunidad ideal para renovarse socialmente. Quizás por ello proliferan las fiestas y carnavales que tienen lugar en estas épocas en todo el país. Las Ferias de Cali o Manizales y los Carnavales de Pasto, son algunos eventos que conllevan una catarsis social. Y la mayoría de quienes en ellos participan obtienen de recompensa ese ansiado ciclo de descanso mental, no necesariamente físico, que en pequeña escala conseguimos también con un buen sueño. Ah, las fiestas bien llevadas son el equivalente onírico y regenerador de la sociedad que produce en cada uno de nosotros un buen dormir.

Pobre Bogotá, que no tiene carnavales comparables, ni tal vez los resistiría. Pero aún Bogotá tiene en esta época unos mecanismos de catarsis, gracias a su población flotante de universitarios y a quienes se van a hacer su descanso de vacaciones a otros lugares más festivos del país.

Entonces, adelgazada del exceso de habitantes, acá se inicia otro mundo, para quien disfruta de vacaciones colectivas o al menos de los festivos de fin de año. Bogotá deja de ser, en estos días, la capital de la neurosis y los aspavientos, de los recorridos interminables de la casa al trabajo, de la angustia juvenil por llegar a ser, pero sobre todo la maldición senil de querer parecer. Las mismas vías, el mismo clima, los mismos parques, los mismos museos de siempre, parecen transformarse en estos días mágicos. Y la magia encanta a todos aquellos que creen en ella, la magia de quienes deciden ver las cosas con ojos tranquilos, alejados del control de la vida de los demás.

Cada espacio que nos encontremos en estas vacaciones, bien sea en las playas de Hawaii, los Alpes Suizos, los parques Naturales de Nairobi, o un rinconcito cualquiera bajo el sol de El Espinal, es suficientemente bueno para cumplir bien este ciclo lúdico o de firmar un armisticio con nosotros mismos, con nuestra mente ‘egotista’, que nos llevará más tarde a una nueva confrontación con la vida, hasta la confrontación final. Si el dinero no alcanza o la salud no lo permite o simplemente carecemos de ánimos, siempre cumpliremos este ciclo maravilloso de vacaciones de fin de año, encontrando espacios para sentarnos simplemente a meditar.

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